Sofía se escribe con S VIII

Suficiente.
“¡Suficiente!, ¡¡Basta!! ¡¡Quiero dejar de sentir esto, es que ya no siento el salir de mi sangre!! Ya no puedo más intentar esto.” Sofía se levantó de su posición, se sentó mirándose en el espejo, se recogió el cabello, rebuscaba sus bolsillos. “¿Dónde? ¿Dónde está?” Se levantó, daba vueltas en su dormitorio. Lloraba. Buscaba en sus repisas, tiraba todo. “¿Dónde…?” Arrancó los póster de sus paredes, tiró el reloj: “6:20… ¡bah!”. La encontró, en su cofre. “Ese” cofre antiguo, olvidado… en lo más profundo de su habitación, de su memoria, de su mundo. Sebastián se la había regalado una semana antes de que empezara todo… “-Y ahora te tengo que decir Sebas, “el normal” ¿verdad? –No le veo lo malo a ser normal –Siempre quisiste ser un chico común y corriente y jugar y hacer lo que hacen los otros –Estoy cansado de ser invisible. Es todo. –Bueno, que clases amigos querrás que sólo te siguen o te acompañan cuando eres de la manada, como aquellos… -Sólo quiero que me noten, que estoy ahí, existo. Ya no quiero ser un cero a la izquierda, ya no quiero estar fuera del círculo y hablarle a los gatos o quedarme mirando a un punto fijo mientras pasa el día y yo espero que termine para correr a casa y esconderme y estar tranquilo. Ya te lo dije, si ya no te agrado puedes dejar de hablarme –Voy a estar contigo siempre, así seas un chico del montón. Sólo me gustaría que fueras un poco más…-No cambio por las personas, que te quede claro, es muy raro que lo haga, es rarísimo de hecho. Siempre lo hago por mí, puede que suene egoísta pero es así, siempre veo por mí.” Era la primera vez que discutían en serio, nunca olvidaría ese día, los ojos de Sebastián, su mirada gélida, el dolor que le produjeron esas palabras en forma de gritos, reclamos. Maldita memoria, siempre recordaba las cosas cuando no tenía que hacerlas… “-Que debería hacer esto, aquello, que debería ser así… Estoy harto Sofía. No es mi culpa que no sea como quieres. ¿Por qué te gusta hablar de estas cosas? ¿Te gusta que te grite? ¿Te gusta tanto sufrir que quieres que te haga daño? ¡Eres una idiota y arruinaste todo! -Perdón… -Siempre, pero siempre y lo sabes, he intentado hacerte sentir bien, ser alguien para ti y tú nunca lo agradeciste. Siempre tenías un pero… Sabes Sofía, no eres la única con problemas, a mí nadie me ayuda… A mí nadie me dice lo que quiero oír… ¿Crees que eres buena amiga?”
Sí, aún tenía filo, y tenía una mancha en el lado superior. “Bueno, uso el otro lado; de todas formas, ya necesito comprar otra”. Lo pensó dos veces antes de hacerlo. “Sí o no…” La cuchilla brillaba en su mano. La tomó apuntando a su muñeca. “Si tan solo…”. Suspiró. No iba a dejar que volviera a ocurrir… La cuchilla resbalaba. Resbaló suavemente. Jugaba a hacer aquello y deseaba que fuese suficiente. Hacía tiempo y no sabía para qué; y mientras apenas se desangraba pensaba en ello. Se lanzó en su cama mirando el techo buscando las estrellas. “Es… fue… Suficiente.”

One thought on “Sofía se escribe con S VIII

Angestt dijo...
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