[Completamente irónico, lo termino en su cumpleaños y lo posteo en el mío.]
Y el fin que tantos hemos esperado.
Sofía.
- Sofía… (Saludo)
- Soy Sebastián… (Sonrisa y saludo)
- No te molesta que me siente aquí, ¿verdad?
- No, supongo que no me molesta.
- Y…
Quizá no lo recordaba, a decir verdad, no recordaba nada de lo sucedido esa noche, ni nada que tuviera que ver con él: amnesia post-traumática, decían los doctores; pero esa sería una nueva oportunidad para acercarse a ella y volver a empezar. Salió de aquel triste lugar, recordando todo con pesar.
Si él no hubiese llegado a tiempo, no se lo hubiera perdonado jamás y ella tampoco.
Los padres de Sofía solo pudieron estar el mismo y un par de días más con ella, pagaron todo y la dejaron cuando se encontraba ya en reposo encargándosela a Sebastián y a una especie de nana que la iba a ver dos veces por la semana.
Él fue quien se encargó de ordenar todo, borrar cualquier rastro de su presencia en la habitación de Sofía. Se encargó de desaparecer cual residuo de sangre y desorden oculto. Nadie sabía cómo explicar el porqué de que solo ocurriese con él, ella lo recordaba todo y a todos, salvo a Sebastián.
Un día antes escribió la carta.
A ti:
No sé como comenzar a describirte lo mucho que te aprecio. (No soy bueno para este tipo de cosas, realmente me cuesta mucho trabajo, así que: ¡¡aprecia esto!!). Aunque te he herido mucho, te he hecho llorar y sentir muy mal… estuviste siempre conmigo por alguna extraña razón, no entiendo el cómo no me eliminaste fácilmente de tu vida y te olvidaste de mí, eso habría sido lo más lógico y sencillo, sin embargo, seguías junto a mí. Te agradezco por estar siempre cuando más te necesitaba y por soportar mis bobos comentarios y mis raras ideas. Hace ya tanto tiempo que nos conocemos y han pasado tantas cosas desde entonces, realmente no sé que habría sido de mí sin tu apoyo… aún recuerdo que fuiste la única persona que me entendió y con la única que me era fácil desahogarme y llorar. Perdón. De verdad que no tengo palabras para expresarte lo mucho que te quiero y lo mucho que te agradezco todo. Sé que he cambiado mucho, pero espero y sepas que siempre intentaré estar contigo en los buenos y malos momentos tal y como tú lo estuviste conmigo. Aún sigo aquí y lo sabes. Sé que cambiaron muchas cosas entre nosotros y que no tenemos la misma confianza el uno al otro; sin embargo espero y algún día podamos retomarla o por lo menos que sea algo parecido a como cuando nos conocimos y éramos más pequeños.
Lo siento, nuevamente pero sé que en algún momento, para ti, fui alguien grandioso y que me quisiste mucho, y que llegaste a creer que había desaparecido o que ese amigo estaba dentro de mí, y me agradaría que pensaras que ese amigo se ha convertido en un ángel hermoso, en un niño juguetón y alegre que siempre tendrá una tierna sonrisa para ti y nunca te dejará sola.
Te quiero, te quiero, te quiero. (Dicen que para que algo se grabe en tu memoria, debes decirlo mínimo tres veces.)
Y la colocó dentro de un sobre, el cuál entregaría el mismo mañana antes de irse.
-Es extraño, dice “Mañana.” No entiendo a qué se refiere, no tiene ni remitente ni nada… ¿Estará bien que lo lea?
- Si Sofía, no tiene nada de malo o al menos eso creo. – Simón gritaba desde la cocina.
- Eso huele bien, ¿qué haces?- Sofía sonreía con llevando consigo el aparecido sobre. Se sentó sobre el sofá frente a la televisión.
- Nada especial, tú sólo espera un poco más y verás.
(…)
- No entiendo
- ¿Qué no entiendes Sofi?
- Por qué estoy llorando.
Simón sin pensarlo dos veces corrió hacia ella y la abrazó muy fuerte mientras leía el contenido de la carta recientemente leída.
-No sé, no sé por qué me causa dolor el ver esta letra, esta forma de escribir… Es como si la carta fuese para mí, pero aunque lo fuese no podría saber quien la escribió.
-Sofi, cálmate. Lo más probable es que fuese un error…
-Sí, sí, perdón no sé por qué me puso esto tan… tan... no sé. Voy a lavarme la cara. – Sofía se levanta aturdida, forzándose a sí misma a pensar pero era más fuerte el olvido. Se dirigió a lavarse, tal como había dicho.
Mientras tanto, Simón se asomó por la ventana, no iba a permitir que todo volviese a ser como antes. Lo vio. Por un instante Sebastián y Simón se miraron mutuamente…
No lo había esperado, pero era tal como debía suceder. “Las cosas pasan por algo”, de todos modos siempre velaría por ella. Sebastián entendió todo, sin inmutarse subió al taxi que lo esperaba.
-Al aeropuerto, por favor.- Sonrió. “No es cierto, sí lo esperaba”. Al menos no tendría que preocuparse tanto, habría alguien que estaría con ella cuando él no pudiese, Simón la querría como él no hubiera podido jamás, y ella será feliz.
-¿Estás mejor? – Simón se volvió preocupado hacia ella.
-Creo que sí… lo siento, de nuevo.
- No te preocupes. Te prometo que todo estará bien, Sofía.
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Sofía se escribe con S XX
Sobre
Sobre blanco, seriedad y elegancia ante todo. Su minúscula y desordenada letra rompía el protocolo; una gota de sangre acompañaba al escrito.
Aún se percibía el perfume de ella, las lágrimas brotaron de sus ojos… ¿Qué le podría decir? No quería leerlo, había demasiado que no quería saber, no quería reabrir esa herida, dolería mucho; sin embargo, es aquella curiosidad humana la que lo hizo caer en tentación.
Aquella vez, tenía el presentimiento que estaba ella allí pero no importaba, se lo merecía. No pensó que terminaría así.
“Cómo es posible que lo puedas creer… Cómo es posible que tú, siendo tú mi mejor amigo, te dejes llevar por mi ira…conociéndome desde hace mucho” Qué podía ser, el daño estaba hecho; no importaba el contexto, ella habló y dijo lo que dijo, y aunque estuviera enojada, tenía toda la razón...
Lo abrió, no había nadie y el volver a ver su letra estremeció su alma:
“No puedo escribir, todo me da vueltas y te quiero… te quiero pedir una, ya que no vamos a estar de nuevo juntos. Pero promete que lo harás. Cierra los ojos, muy fuerte. -Sé que soy ridícula, siempre lo has sabido, pero ahora tienes que hacerme caso. Ayúdame con esto, ¿vale?- Cierra los ojos e imagina aquel lugar donde siempre te has sentido feliz y a las personas que te hacen sonreír -no importa si yo no estoy incluida…-.” No sabía por qué, se la imaginaba llorando en su cama, sufriendo; se le partía el alma: “Soy un monstruo”, pensaba. “… Imagina que la persona más importante para ti está ahí contigo, te sonríe, te abraza, te cuida. No te pido, que me imagines a mí, aunque sabes que yo lo daría todo porque sí, me encanta abrazarte, lo haría gustosa… Tan sólo imagina que esa persona que está contigo que te sonríe te susurra que siempre estará contigo, que está contigo que no tienes porqué sentirte triste, verás que todo te saldrá bien. Abre los ojos y sonríele al mundo. Sé feliz. Y cada vez que te sientas así de triste, haz lo que te he dicho: Imagina que eres feliz, créelo con todo tu corazón… y lo serás… Ya verás Sebas. Todo estará bien. Sonríe. Hasta siempre. Sofía.
PD: Solo prométeme una cosa más, nunca me olvidarás, ¿verdad? Yo nunca te voy a olvidar… Yo te quiero Sebas y nunca me cansaré de decirlo”
Y él la recordaba como una dulce niña, alguien que siempre estuvo con él, su sonrisa y su apoyo. Le hubiera gustado tanto que la carta terminase ahí… “Estoy muerta. Acéptalo. -Aunque supongo que él que leas esto es el primer paso para hacerlo-.Al menos, para ti lo estoy… desde hace tiempo… de la misma forma en que tú, mi mejor amigo, has muerto para mí.”
Ella tenía razón, ya lo peor había pasado. Sofía ya no era su Sofía, Sofía como la conocía, la dulce niña del apoyo y la sonrisa no existía más. Había muerto. Y él no puedo hacer nada para ayudarla…pues para ella nunca fue suficiente, ni nunca lo sería. Esperaba tan sólo que alguna vez lo perdonase y que estuvieran juntos de nuevo. “Yo sí te quiero y siempre estaré para ti, siempre seremos amigos”. Era demasiado tarde. Abrió las cortinas, y al parecerle ver su espectro su piel se erizó, corrió y salió por donde había entrado. Ya no quedaba algún rastro de él, solo había ido por eso, solo quería llevárselo y darle fin a todo. No quería recordarla a ella, ni pensar en lo triste y gris de su vida actual. Él no tenía toda la culpa, ni siquiera ahora la tenía, no quiso sentir melancolía por ella. Él solo fue por el sobre.
Sofía se escribe con S IX
“Ser o, no ser. Esa es la cuestión:
Sofía se escribe con S XVIII
“Sebastián, pórtate bien ¡eh!” Ella solía guiñarle un ojo, sacarle la lengua e irse corriendo como una niña pequeña. Habían crecido prácticamente juntos, tantas cosas ocurrieron desde que se conocieron; tantas risas, tantos sueños, ideas, proyectos y en estos últimos meses, tantas riñas, peleas. Él siempre se preguntó el por qué de todo lo que sucedía, no quería echarle o echarse la culpa. Sólo que… “Las personas cambian… Mira, Sofía no se qué fue lo que cambió que hizo que todo diera un giro inesperado y todos los recuerdos, todos mis sentimientos hacia ti se perdieran. Lo admito, en ocasiones logro captar y recordar algunos de ellos pero me duele el saber que ya nada es igual, no sé el porqué, no sé qué paso y aunque intente arreglarlo sé que no se puede.” Odiaba decirle ese tipo de cosas por teléfono, sabía que la deprimían pero tenía que hacerle entender y era mejor que así que en persona, no quería verla sufrir.
Sofía se escribe con S XVII
*²: Referido a Sofía de El beso de Plata.]
Sofía se escribe con S XVI
Sofía se escribe con S XV
Sofía se escribe con S XIV
Sofía se escribe con S XIII
Sofía se escribe con S XII
Sofía se escribe con S XI
Siempre.