Sofía se escribe con S XXI

[Completamente irónico, lo termino en su cumpleaños y lo posteo en el mío.]


Y el fin que tantos hemos esperado.








Sofía.


- Sofía… (Saludo)
- Soy Sebastián… (Sonrisa y saludo)
- No te molesta que me siente aquí, ¿verdad?
- No, supongo que no me molesta.
- Y…


Quizá no lo recordaba, a decir verdad, no recordaba nada de lo sucedido esa noche, ni nada que tuviera que ver con él: amnesia post-traumática, decían los doctores; pero esa sería una nueva oportunidad para acercarse a ella y volver a empezar. Salió de aquel triste lugar, recordando todo con pesar.
Si él no hubiese llegado a tiempo, no se lo hubiera perdonado jamás y ella tampoco.
Los padres de Sofía solo pudieron estar el mismo y un par de días más con ella, pagaron todo y la dejaron cuando se encontraba ya en reposo encargándosela a Sebastián y a una especie de nana que la iba a ver dos veces por la semana.
Él fue quien se encargó de ordenar todo, borrar cualquier rastro de su presencia en la habitación de Sofía. Se encargó de desaparecer cual residuo de sangre y desorden oculto. Nadie sabía cómo explicar el porqué de que solo ocurriese con él, ella lo recordaba todo y a todos, salvo a Sebastián.


Un día antes escribió la carta.
A ti:
No sé como comenzar a describirte lo mucho que te aprecio. (No soy bueno para este tipo de cosas, realmente me cuesta mucho trabajo, así que: ¡¡aprecia esto!!). Aunque te he herido mucho, te he hecho llorar y sentir muy mal… estuviste siempre conmigo por alguna extraña razón, no entiendo el cómo no me eliminaste fácilmente de tu vida y te olvidaste de mí, eso habría sido lo más lógico y sencillo, sin embargo, seguías junto a mí. Te agradezco por estar siempre cuando más te necesitaba y por soportar mis bobos comentarios y mis raras ideas. Hace ya tanto tiempo que nos conocemos y han pasado tantas cosas desde entonces, realmente no sé que habría sido de mí sin tu apoyo… aún recuerdo que fuiste la única persona que me entendió y con la única que me era fácil desahogarme y llorar. Perdón. De verdad que no tengo palabras para expresarte lo mucho que te quiero y lo mucho que te agradezco todo. Sé que he cambiado mucho, pero espero y sepas que siempre intentaré estar contigo en los buenos y malos momentos tal y como tú lo estuviste conmigo. Aún sigo aquí y lo sabes. Sé que cambiaron muchas cosas entre nosotros y que no tenemos la misma confianza el uno al otro; sin embargo espero y algún día podamos retomarla o por lo menos que sea algo parecido a como cuando nos conocimos y éramos más pequeños.


Lo siento, nuevamente pero sé que en algún momento, para ti, fui alguien grandioso y que me quisiste mucho, y que llegaste a creer que había desaparecido o que ese amigo estaba dentro de mí, y me agradaría que pensaras que ese amigo se ha convertido en un ángel hermoso, en un niño juguetón y alegre que siempre tendrá una tierna sonrisa para ti y nunca te dejará sola.


Te quiero, te quiero, te quiero. (Dicen que para que algo se grabe en tu memoria, debes decirlo mínimo tres veces.)


Y la colocó dentro de un sobre, el cuál entregaría el mismo mañana antes de irse.


-Es extraño, dice “Mañana.” No entiendo a qué se refiere, no tiene ni remitente ni nada… ¿Estará bien que lo lea?
- Si Sofía, no tiene nada de malo o al menos eso creo. – Simón gritaba desde la cocina.
- Eso huele bien, ¿qué haces?- Sofía sonreía con llevando consigo el aparecido sobre. Se sentó sobre el sofá frente a la televisión.
- Nada especial, tú sólo espera un poco más y verás.
(…)
- No entiendo
- ¿Qué no entiendes Sofi?
- Por qué estoy llorando.


Simón sin pensarlo dos veces corrió hacia ella y la abrazó muy fuerte mientras leía el contenido de la carta recientemente leída.
-No sé, no sé por qué me causa dolor el ver esta letra, esta forma de escribir… Es como si la carta fuese para mí, pero aunque lo fuese no podría saber quien la escribió.
-Sofi, cálmate. Lo más probable es que fuese un error…
-Sí, sí, perdón no sé por qué me puso esto tan… tan... no sé. Voy a lavarme la cara. – Sofía se levanta aturdida, forzándose a sí misma a pensar pero era más fuerte el olvido. Se dirigió a lavarse, tal como había dicho.
Mientras tanto, Simón se asomó por la ventana, no iba a permitir que todo volviese a ser como antes. Lo vio. Por un instante Sebastián y Simón se miraron mutuamente…


No lo había esperado, pero era tal como debía suceder. “Las cosas pasan por algo”, de todos modos siempre velaría por ella. Sebastián entendió todo, sin inmutarse subió al taxi que lo esperaba.
-Al aeropuerto, por favor.- Sonrió. “No es cierto, sí lo esperaba”. Al menos no tendría que preocuparse tanto, habría alguien que estaría con ella cuando él no pudiese, Simón la querría como él no hubiera podido jamás, y ella será feliz.






-¿Estás mejor? – Simón se volvió preocupado hacia ella.
-Creo que sí… lo siento, de nuevo.
- No te preocupes. Te prometo que todo estará bien, Sofía.

Sofía se escribe con S XX

Sobre

Sobre blanco, seriedad y elegancia ante todo. Su minúscula y desordenada letra rompía el protocolo; una gota de sangre acompañaba al escrito.
Aún se percibía el perfume de ella, las lágrimas brotaron de sus ojos… ¿Qué le podría decir? No quería leerlo, había demasiado que no quería saber, no quería reabrir esa herida, dolería mucho; sin embargo, es aquella curiosidad humana la que lo hizo caer en tentación.


Aquella vez, tenía el presentimiento que estaba ella allí pero no importaba, se lo merecía. No pensó que terminaría así.


“Cómo es posible que lo puedas creer… Cómo es posible que tú, siendo tú mi mejor amigo, te dejes llevar por mi ira…conociéndome desde hace mucho” Qué podía ser, el daño estaba hecho; no importaba el contexto, ella habló y dijo lo que dijo, y aunque estuviera enojada, tenía toda la razón...


Lo abrió, no había nadie y el volver a ver su letra estremeció su alma:
“No puedo escribir, todo me da vueltas y te quiero… te quiero pedir una, ya que no vamos a estar de nuevo juntos. Pero promete que lo harás. Cierra los ojos, muy fuerte. -Sé que soy ridícula, siempre lo has sabido, pero ahora tienes que hacerme caso. Ayúdame con esto, ¿vale?- Cierra los ojos e imagina aquel lugar donde siempre te has sentido feliz y a las personas que te hacen sonreír -no importa si yo no estoy incluida…-.” No sabía por qué, se la imaginaba llorando en su cama, sufriendo; se le partía el alma: “Soy un monstruo”, pensaba. “… Imagina que la persona más importante para ti está ahí contigo, te sonríe, te abraza, te cuida. No te pido, que me imagines a mí, aunque sabes que yo lo daría todo porque sí, me encanta abrazarte, lo haría gustosa… Tan sólo imagina que esa persona que está contigo que te sonríe te susurra que siempre estará contigo, que está contigo que no tienes porqué sentirte triste, verás que todo te saldrá bien. Abre los ojos y sonríele al mundo. Sé feliz. Y cada vez que te sientas así de triste, haz lo que te he dicho: Imagina que eres feliz, créelo con todo tu corazón… y lo serás… Ya verás Sebas. Todo estará bien. Sonríe. Hasta siempre. Sofía.


PD: Solo prométeme una cosa más, nunca me olvidarás, ¿verdad? Yo nunca te voy a olvidar… Yo te quiero Sebas y nunca me cansaré de decirlo”


Y él la recordaba como una dulce niña, alguien que siempre estuvo con él, su sonrisa y su apoyo. Le hubiera gustado tanto que la carta terminase ahí… “Estoy muerta. Acéptalo. -Aunque supongo que él que leas esto es el primer paso para hacerlo-.Al menos, para ti lo estoy… desde hace tiempo… de la misma forma en que tú, mi mejor amigo, has muerto para mí.”


Ella tenía razón, ya lo peor había pasado. Sofía ya no era su Sofía, Sofía como la conocía, la dulce niña del apoyo y la sonrisa no existía más. Había muerto. Y él no puedo hacer nada para ayudarla…pues para ella nunca fue suficiente, ni nunca lo sería. Esperaba tan sólo que alguna vez lo perdonase y que estuvieran juntos de nuevo. “Yo sí te quiero y siempre estaré para ti, siempre seremos amigos”. Era demasiado tarde. Abrió las cortinas, y al parecerle ver su espectro su piel se erizó, corrió y salió por donde había entrado. Ya no quedaba algún rastro de él, solo había ido por eso, solo quería llevárselo y darle fin a todo. No quería recordarla a ella, ni pensar en lo triste y gris de su vida actual. Él no tenía toda la culpa, ni siquiera ahora la tenía, no quiso sentir melancolía por ella. Él solo fue por el sobre.

Sofía se escribe con S IX

Ser

“Ser o, no ser. Esa es la cuestión:
Si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más…” William Shakespeare.

Uno frente al otro, miradas distantes, vacías… Temor por lo desconocido. Siempre intentaron pensar igual, siempre intentaron ser -y aunque a veces no se pudiera-, estar, para el otro. Porque… Cada quien usa la imaginación como mejor le parezca, y aunque por más que se intente no todo se logra con la mente. Siempre queda un vacío.

“Ohh, pero no debes estar triste, Susana, no me gusta verte así. Yo quiero verte feliz, riéndote de todo… ¿sí? ¿Vendrás conmigo a la convención, verdad? “.Nunca pensó oír de sus labios decir aquello, nunca se lo había dicho a ella… Estaba Sofía, tras la puerta, contenía las lágrimas mientras el vacío de su corazón aumentaba; apretaba los puños de tal forma que parecía que sus uñas se clavarían en la palma de sus manos. Esperó a que él terminase la llamada para relajarse un poco, suspiró un par de veces, giró la llave y entró. “-Listo Sebas, ¿con quién hablabas? –Con Susana, pero no le des importancia, ¿vamos? -…Vamos.” Caminaba grogui por las calles, tomando del brazo a Sebastián, respondiéndole acertadamente, fingiendo- como siempre- estar bien; mientras en su mente aún se procesaba “Quiero que seas feliz, no me gusta verte triste"…

Desde aquel día todo había cambiado para Sebastián, la extrañaba demasiado. Sin ella, su mundo estaba realmente vacío, su memoria ¡Oh!, cuánto detestaba a su memoria. Ellos pudieron haber vivido hace 12000 años, pudieron haberse querido y aun así, aunque viviesen unos 8 000 años más, no la recordaría. Había dejado de sentir, era ahora una máscara tras otra, lo había perdido todo. Nada nunca más sería como antes. No había sido escrito. No eran después de todos los amigos inseparables que alguna vez Sofía pensó que serían.

“-Extraño tanto como era antes -¿Cómo era antes? –Cuando tan solo me bastaba escucharte, para ser feliz. ¿Por qué nunca te diste cuenta que con una sola palabra tuya mi mundo… cambiaba? –Lo siento.” Y hablaban, de todos modos no importaba. Tocan el tema una y otra, y otra vez. Ya no eran amigos… o bueno, si lo eran; pero ya nada era igual. Aunque a veces jugaban a serlo de nuevo y se hablaban como antes, y se miraban como antes… ¡Hasta sonreían como antes! Y andaban y jugaban juntos, mas en el ambiente reinaba siempre una sensación de angustia, de falsedad y felonía, hasta que ambos explotaban… Todo empezaba con un simple juego y de repente, la chispa, y ya estaban discutiendo.

Y la vida es un ciclo, y todo es un ciclo y no hay dolor más grande, que el dolor de ser vivo. Ella tenía un problema, el principal según ella mismo: tenía la costumbre de idealizar a las personas, vivía en un cuento de hadas esperando a aquel príncipe que la salvara, a aquella persona que se preocupase por ella tanto como ella misma lo haría por esa persona. Quería un amigo de cuento, quería felicidad, quería…todo. Era eso o nada.

“-No Sabrina, no me esperaba la llama de Selene… supongo que te dijo. –La verdad, no… Creo que como siempre, tendré que adivinar. – Pregunta y yo respondo -¿Qué paso exactamente? ¿Por qué estás así con ella? ¿No ves acaso lo mal que la pasa? –Me molesté, la hice sentir mal, me hizo sentir mal, lo mejor fue darnos un tiempo solos. O al menos, fue lo mejor para mi -¿Estas celoso de Simón verdad? ¿Por qué? – ¿Quién te dijo? – Tú, la semana pasada – Ya sabes… - Sí, todos saben de tu falta de memoria, pero al punto Sebas… - Es que antes Sofía era como… mmmm… la que me contaba todo, la que me hablaba de todo sin pena ni nada… Pero después, cuando conoció a Simón ya no fue así. – Ok, entiendo. Pero son celos de… ¿hermano o de algo más? – ¡No! ¡No! De hermano, mejor amigo. La verdad es que creía, creo que Simón me quitaría a mi mejor amiga y así fue. – El no te ha quitado nada – Yo estoy aquí y ella allá, con él. No tengo mejor amiga – Ella siempre será tu mejor amiga – Sofía lo prefiere a él que gusta de ella. Ganó, me la quitó y si no, ya no es lo mismo de todas formas. –Bueno, eso es diferente, si ahora te sientes diferente, se entiende…”

Cuántos sueños, canciones, poemas; cuántos libros, películas, capítulos le dedicó en silencio. “¿Por qué no ves esta película, Sebas?, te va a fascinar…”. Él siempre lo supo, no era tan tonto, simplemente fingía no entender el mensaje. Tenían sueños juntos, imaginaban su vida juntos, como amigos, como si todo fuera tan fácil y estuvieran viviendo en una burbuja imaginaria, una burbuja compartida dónde ellos siempre sonreirían. Ella pudo haber hecho un libro de él, qué no escribir de él. Sebastián, había algo en él que la hipnotizaba, que la dejaba en blanco, la hacía sudar frío. Nunca había querido tanto a alguien. Quizá sí lo amaba de verdad, quizá sí era amor, quizá todo…o quizá nada, quizá imaginó todo.

“- Pero sabes, Sabrina, ¿te digo la verdad? Simón no me cae mal, aunque me haya quitado a Sofía, ahora… no sé, podría decir algo que tal vez la hiera, pero ella ya no es mi mejor amiga, sólo es una amiga más y no sé si pueda volver a ser como mi hermana. – Sí, lo será; tengo esperanzas –Esa palabra… - ¿Qué? –Nada; mira, una vez que pasa algo así es difícil que vuelva a ser mi mejor amiga – No creo, yo creo que aún siguen siendo mejor amigos. -… Sí, siempre he sido así…Mira, hay veces que la veo a lo lejos, triste, mirándome, esperando por mi… y pienso en acercarme y hablarle y contarle mis cosas, preguntarle por las suyas, pero después digo “No necesito hacer esto” y sigo de largo… - Sabes, Sofía se moría del miedo (se le veía en el rostro, créeme) cuando te hablaba de Simón, pensó que lo odiabas –No, no, para nada. Él me cae bien, hasta creo que tenemos cosas en común... O son ideas mías o él es muy similar a mí… -…. – Sabes Sabrina, ella me dijo que si yo se lo pedía le dejaría de hablar a Simón - ¿Sí? -Sí, estuve a punto de decirle que no sea patética, pues yo no haría eso por nadie, pero solo le dije “No lo hagas, él no me cae mal. Todo está bien” –Sigue – Pues le dije que quería arreglar cosas en mi vida, lo cual no he hecho aún… -… -Pienso que tal vez fracase, pero no lo sé, ella me dijo que estaba bien, me dijo muchas cosas tipo “No tendrás nunca un reemplazo” y cosas así… - ¿Está mal que te diga eso? – No, no, no lo veo mal, pero bueno, algunas cosas no las creí. Mira, cuando le dije todo lo que sentía, cuando le dije que me terminaría reemplazando por Simón y que ya estaba acostumbrado, que solo me dolería un momento…Me dijo que no, que yo era único y cosas así… - ¿Entonces? – Entonces no creí mucho de lo que me dijo porque al siguiente día, cuando estábamos juntos, solos en nuestro” momento me dijo “Lo extraño”… ”


 
Luces blancas, pasadizos, el cielo, el infierno, el vacío, dolor, paz… La muerte ha sido interpretada de tantas maneras. ¿Dé cuántas formas puede morir una persona? ¿Hay remedio contra ella, la muerte? La habitación de Sofía seguía tal como la última vez que había estado en ella, Sebastián no pudo soportar la tentación de verlo, su letra, su firma, su sangre y un título…

“Ser y no ser nada… Ser...”

Sofía se escribe con S XVIII

Sebastián.

“Sebastián, pórtate bien ¡eh!” Ella solía guiñarle un ojo, sacarle la lengua e irse corriendo como una niña pequeña. Habían crecido prácticamente juntos, tantas cosas ocurrieron desde que se conocieron; tantas risas, tantos sueños, ideas, proyectos y en estos últimos meses, tantas riñas, peleas. Él siempre se preguntó el por qué de todo lo que sucedía, no quería echarle o echarse la culpa. Sólo que… “Las personas cambian… Mira, Sofía no se qué fue lo que cambió que hizo que todo diera un giro inesperado y todos los recuerdos, todos mis sentimientos hacia ti se perdieran. Lo admito, en ocasiones logro captar y recordar algunos de ellos pero me duele el saber que ya nada es igual, no sé el porqué, no sé qué paso y aunque intente arreglarlo sé que no se puede.” Odiaba decirle ese tipo de cosas por teléfono, sabía que la deprimían pero tenía que hacerle entender y era mejor que así que en persona, no quería verla sufrir.
Después de todo, su mente se había averiado; su castillo, derrumbado; lo había perdido casi todo… no le gustaba hablar ni pensar en eso, lo obviaba y regresaba al punto en que todo simplemente pasó: el sistema había fallado y ya no podía sobrevivir con lo que había sido la fuente de vida para ambos… “Que no muera la esperanza.” No creía como él pudo haberle inculcado a Sofía eso y ahora no creer en lo mismo.

Uno de los pasatiempos que compartía con Sofía era el de escribir, y aunque habían tenido varios proyectos juntos nunca los concretaron; ahora solo se dedicaba a escribir sus pensamientos, para no olvidarlos… “Creo que ahora no es suficiente o necesito recordar el significado de esa frase; es que ya no tiene el mismo efecto que en años anteriores, mi burbuja en la cual podía sentirme bien, en paz, alegre y en la cual se encontraba un brote de luz…aquella que un día tú llegaste a conocer o imaginar terminó conteniendo un fallo, se averió y aquel brote de luz escapó, se perdió, se esfumó junto con una parte de mi. Esa parte que era agradable, que guardaba una cálida sonrisa de niño, que agradaba a los demás y en especial, a ti…” Cómo nunca lo leería qué más daba dedicárselo a ella. Sebastián trataba de escribir lo más rápido que podía pero como suele suceder su mente vagaba mucho más rápido de lo que él deseaba, se rindió. Es fácil de adivinar lo que había sucedido después de la ruptura de su mundo interior pues él había quedado de nuevo en la total oscuridad, entonces no podía hacer otra cosa más que esperar a que sus ojos se acostumbrasen a la falta de luz para poder así distinguir la silueta de ciertos objetos y figuras y no tropezarse más. La burbuja se había desvanecido y fue en ese preciso momento en el que se perdió por completo. Desorientado y sin saber lo que había ocurrido siguió caminando por una larga calle gris sin saber a dónde ir, ni qué a hacer, sólo era consciente que cada paso que daba se estaba alejando más de ella.

Sofía siempre le hacía reír… “Eres… mi felicidad instantánea, aunque tengo que decirlo, doy unos pasos al silencio de las calles y regreso a mi realidad. Pero no lo olvides, aunque fuese tan corto el tiempo, me encanta hablar contigo…” No iba a engañarla, ella no era la persona más importante para él, pero sí una de las personas más importantes y era consciente de que eso afectaba mucho a Sofía, aunque eso fingía Sofía que no le importaba. “Por su propio bien”, se decía cuando le decía algo que sabía más tarde, la haría llorar. Y por más que quisiese alejarse y dejarla tranquila había algo en ella, no sabía qué, pero era aquel “algo” el que no le permitía hacerlo.

En ocasiones, los momentos de lucidez le permitían recordar todas las conversaciones haciendo que se arrepintiese de todo y quisiese regresar a como era el tiempo antes de cambiar y volver a ver una sonrisa verdadera de Sofía. Pero negaba la expresión de “mejor amigo” pues nunca se consideró tal, y nunca lo haría; en parte no entendía que había visto Sofía en él para que fuere considerado por ella, como tal.

No recordaba la fecha en que se conocieron, apenas y recordaba el cumpleaños de ella, eran demasiados preocupaciones para una mente. Es que no podía recordarlo todo, no quería recordarlo todo; él tan sólo quería divertirse como cualquier chico de su edad, quería disfrutar el momento; dejar de preocuparse por otros y empezar a preocuparse por él…

Sofía y Sebastián, ambos, solían salir las noches de lluvia tan sólo por el gusto de sentir el frío sobre su piel, y después de que esta lluvia pasase; ver el cielo, las estrellas, la luna y dejarse llevar por sus pensamientos y alucinaciones; compartiéndolas, jugando... Siempre habían sido ellos mismos con el otro, si estaban mal estaban mal; si estaban bien, bien… ¿Cómo puede cambiar todo tan rápido, no?

No había dejarlo de apreciarla, la quería como si fuera su hermana pero no quería hacerle daño o por lo menos hacerle más daño de lo que ya le había hecho; al principio solo buscaba tiempo pero después se dio cuenta que sería lo mejor para ella… “Si tan sólo Simón no se hubiera entrometido…”, pensaba; lo detestaba por el simple hecho de querer a Sofía, después de todo, el posesivo ahora era él; aunque lo que lo diferenciaba de Sofía es que él si sabia controlarse, sabía que tendría que irse y no le quedó de otra que dejar a Sofía en manos de "ese tipo".... “No lo niegues Sofía, sea lo que sea; Simón llena una parte de ti que yo no puedo. Él te escucha y pone atención… Tienes a alguien más para pensar, alguien que se encuentra mejor que yo… Estoy más tranquilo al saber que estarás en buenas manos. No lo hagas más difícil, ya habíamos hablado de esto, del viaje.”…

Aquella vez, en el aeropuerto, ella lucía tan radiante que por instante pensó en dejarlo todo y quedarse con ella, y vivir abrazándola pues era más que obvio que ese “radiante” que aparentaba ella era una argucia para no preocuparlo. “-A veces eres tan necia… -Y tú tan… -¿Tan? –No sé, ¿tan lindo? –Sof, que voy a hacer contigo, eh?”…Aquellos días fueron realmente magníficos.

Acongojado la observaba…“¿Por qué soy así? ¿Por qué fui así contigo? Desde un comienzo, desde aquel día que decidí partir te perdí de cierta forma, te he hecho sufrir y eso me duele...Realmente no deseaba que terminaran las cosas así, no digo que terminaran del todo mal… Sofía veme, sigo aquí. Cumpliremos la promesa "estar juntos por siempre"... No me hagas eso, me sentiré realmente mal... No quiero volver a sentir el gran vacío que tengo en el pecho, como si faltara algo, como si mi alma se hubiera desgarrado...”

-Sebastián...

Sofía se escribe con S XVII

Suspiro.
Suspiro, uno tras otro, dejando entre el anterior y el siguiente un intervalo de máximo 7 segundos. Cerró los ojos respirando profundamente, tratando de no pensar más que en eso; pero todos sabemos que hay cosas que a veces no se pueden lograr. No pudo evitarlo. Huyó a su desastrosa habitación se paró frente a su librero y comenzó a buscar… ¿Dónde estaría?



¡Por fin! Si encontraba uno, encontraba todos. Tomó el primer libro con mucho cuidado, sabía la página exacta incluso la línea exacta. “Los árboles mueren de pie”, magnífico libro, para ella; aunque ahora que lo meditaba bien, por qué lo buscaba si se sabía el libro de memoria. Leyó en voz baja: *“Era un ramo de rosas rojas, y un papel con una sola palabra: “¡Mañana! ¿Dé donde me venía aquel mensaje? ¿Quién fue capaz de encontrar entre tantas palabras inútiles la única que podía salvarme? “Mañana””* ¿Por qué él no era capaz de hacer eso? Siempre tuvo la esperanza. Cerró de nuevo los ojos sonriendo, imaginándose Isabel, hablando como ella “Es que usted no puede imaginar todo lo que es Mauricio* para mí. Es más que el amor, es la vida entera. El día que lo conocí estaba tan desesperada que me habría dejado morir en un rincón como un perro con frío. Él pasó junto a mí con un ramo de rosas y una palabra; y aquella palabra sola me devolvió de golpe todo lo que creía perdido. En aquel momento comprendí que desde dentro que iba a ser suya para siempre, aunque fuera de lejos, aunque él no volviera a mirarme nunca más.” ¿Por qué nadie podía entenderla? Abrió de repente los ojos, caminando lentamente hacia el espejo, se miró toda raída, triste, despeinada. No es que lo amase, no lo veía como novio; tan sólo querría que él estuviese con ella. “¿De qué color son los ojos de la Gioconda?” Se preguntó, respondiéndose para sí. “Aceituna oscura. ¿De qué color son los ojos de las sirenas? Verde mar. ¿De qué color son los míos?...” Tiró el libro lejos, pues a su mente venían pasajes que no quería imaginarse. Era demasiado ya, esa manía que tenía de creerse personajes que nunca sería, esa esperanza que quizá algún día él… ¿De qué serviría?… Se sentó en su cama y arrugó las antiguas cartas que había escrito, lanzándolas luego junto al libro de Casona. ¿Cómo escribirle a alguien en una carta todo lo que siempre quisiste decirle? Era triste despedirse y darse cuenta que en realidad la que rompería la promesa más importante sería ella misma, lo dejaría solo. Ya no le importaba mucho que él lo hubiera hecho primero. De todos modos ella si le daba importancia a las promesas y ahora que tendría que romper esta se sentía de lo peor… “Lo siento tanto, pero es que no es justo.” Escribía, gritaba, lloraba manteniendo su mano firme. “Perdóname” Sofía sabía que era lamentable y patético hablarle a alguien que no estaba allí, que no te escucharía, que nunca lo había hecho. “Gracias por dejarme sola… te quiero tanto…” Sebastián siempre había estado con ella, daría su alma entera por revivir un momento con él. Por volver a escuchar su voz… Ahora era tarde, pero moriría feliz sabiendo que él había encontrado la manera de sobrevivir aunque le doliese en el fondo que ella no estuviese incluida en esa felicidad.



Las lágrimas no dejaban de caer, había terminado por fin esa pequeña despedida. A Simón ya le había dejado mucho. Se preguntaba que reacción tendría Sebastián. ¿Se entristecería? ¿Por qué atormentarse con eso? Se limpió las lágrimas, según sus cálculos ya era tardísimo y tendría que apurarse si es que no quería arrepentirse de una vez. Caminó hacia el baño, buscó en el estante detrás del espejo y tomó las pastillas para dormir que necesitaría. De regreso, en su habitación tomó el otro libro que tanto le fascinaba…”Tú me hablaste y me sentí como una persona de nuevo. Quizás estando al lado tuyo me sentí seguro y real. Déjame entrar. Te necesito.” Se reía, esa historia le parecía graciosa pues la protagonista se llamaba como ella, Sofía. Y cada vez que leía una línea dedicada a ella no podía dejar de creerse todo el cuento. Cerró el libro, y lo volvió a abrir dos páginas antes del final…
“Las cosas cambian, entendió ella. La gente crece, se muda. Algunas veces se encierra en sí misma; otras, sale en busca de los demás. ¿Cómo sería si nada cambiara?, se preguntó. ¿Pero por qué tenía que doler tanto, todo ese cambio? ¿Por qué tenía que significar el perder a la gente que queremos?”. ¿Qué había significado perder a Sebastián cuando más lo necesitaba? ¿Por qué le pasaba esto a ella? Él era su esperanza, su único mejor amigo y quien estaría por siempre con ella y ahora ya no estaba. "Sofía, despierta. Estás sola, siempre lo estuviste; era de suponerse, ¿quién querría estar contigo? No eres perfecta como todos creen, no eres nada, ni nadie.” Se repetía en su mente. No tenía otra salida, ¿o sí? Quizá solo hacía tiempo, quizá aun creía… “Él vendrá y me salvará… y seremos amigos por siempre.” Aunque quizá no, ya regresaba a su habitación con pastillas en manos, se sentó en su cama. Todos la habían abandonado, era la gota que derramaba el vaso, había contado con una persona por más tiempo que con nadie, le había confiado su alma entera, sus más íntimos secretos… Y ahora, él no estaba. Lo odiaba, le tenía tanto rencor pero no podía hacerle daño porque a la vez lo quería. Ojeó por última vez aquel libro mientras tragaba una que otra pastilla más… “La muerte sería mejor que vivir así. Algunas veces existían momentos para la muerte” Esté era una momento para la muerte, no tenía por qué ni para quién vivir, no tenía un propósito, no tenía nada… Después de todo “La vida es una ilusión que dura muy poco”.
Es irónico pensar, como dos Sofías*² pueden perder a las personas que aman, casi de la misma forma y cómo pueden pensar lo mismo. Lo necesitaba tanto pero después de todo, de todo lo que hiciera, lo que hizo, ahora... “Ella no tenía que decirlo; no tenía que ofrecer. Él lo sabía.” Estaba vacía, gracias a él. Se levantó, tomó su navaja nuevamente y con odio y lágrimas en los ojos- era ahora o nunca- se cortó las venas. Si antes no lo había hecho como debió, profundo, de la forma correcta, esta vez lo hizo. No quería arrepentirse ni tener remordimientos si no le funcionaba. Todas lo que pasaba por su mente, tantas cosas por recordar, por olvidar… “Últimamente parecía como si tú fueras el único que sabía que yo existía. Pronto ya no tendré a nadie.” No iba a arrepentirse ahora, su sangre brotaba a montones, se deslizaba a través de sus brazos, sus manos, caía a la cama, manchaba todo excepto la carta. “A veces, cuando las cosas cambian, hay que forzarlas” ¿Qué mas podría hacer? ¿Por qué las pastillas no hacían efecto? No le iba a dar el gusto de estar viva, no, él de todos modos ni cuenta se iba a dar… “Sigue disfrutando, sufre por favor… No, olvídame. Sí, como siempre. Sé feliz.”Sonrió pensando en Sebastián. Y no aguantó más y se desmayó o cayó dormida…



“¡Sofía! ¡Sofía, despierta!" Él no estaba seguro al principio pero después de las advertencias de todos y conociéndola, decidió llamarla, y aunque ella le dijo que estaba bien, se decidió por ir a verla; le preocupaba, después de todo. Así que corrió velozmente, como nunca había corrido en su vida, ella después de todo era alguien importante, la quería y tenía que estar con ella; pero como explicárselo, cómo decirle la verdad. Al llegar, llamó a la puerta muchas veces seguidas, pero nadie atendió. Él sabía que ella estaba adentro, se había encontrado con Simón de regreso, o mejor dicho lo había visto pero no le preguntó nada; no quería tener problemas. Se preocupó más aún...y la puerta con llave; algo pintaba mal. Sofía era de las chicas que todo le da igual, no era de dejar puertas con llave, ni poner cerrojos; y lo peor de todo es que la última conversación que tuvieron fue extraña. Nunca pensó hacerlo pero terminó rompiendo la ventana con lo primero que encontró a su paso. Se introdujo a la casa de Sofía… No tenía mucho tiempo y eso lo sabía, demasiado desorden ¿Un asalto?, qué habría pasado. ¿Dónde estaba Sofía? ¿Manchas de sangre?, se imaginó lo peor. ¡Su habitación! Corrió hasta ella, sudando por el gran esfuerzo. La encontró acercándose a ella asustado, la tomó entre sus brazos, la observó con cariño, no quería pensar que había llegado tarde pero no podía darse por vencido. “¡Sofía! ¡Sofía, despierta!” Tenía que despertarla, ella entreabrió los ojos, sonrió… inmovilizada. Él gritó y gritó desesperado, no la podía perder… “¡Por favor, quédate conmigo!" Sus manos con sangre, estaba destruido, desesperado, desorientado… Su instinto no le había fallado, pero por qué no creyó más ferozmente en ellos: Había llegado tarde, quizá. Estaba fría, pero respiraba. Lento, muy lento, frío muy frío lo único que de los labios de Sofía salió fue, su alma partida en mil pedazos, una lágrima, un quejido, un… suspiro.

[*: Personaje de Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona.
*²: Referido a Sofía de El beso de Plata.]

Sofía se escribe con S XVI

Suicidio
Suicidio, suicidarse, pensar en. ¿Quién alguna vez no lo ha hecho? ¿Quién no ha deseado tener el valor de hacerlo? ¿Quién no desearía poder haberlo hecho en ese preciso momento, cuando en realidad pudiste hacerlo? No lo nieguen, aunque sea por una milésima de segundo la idea a cruzado por cualquier mente. ¿A quién no? Es algo tan natural, el ser humano por el simple hecho de serlo tendrá la manía, por decirlo así, de creerse Dios y querer acabar con su vida o con la de los demás. Pero eso no es del todo importante, esas preguntas no son “las preguntas”, o por lo menos para Sofía no lo eran, pues por qué tendría que importarle el resto o lo que los demás pensarán si ellos no se preocupaban por ella. La pregunta clave para Sofía era, ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no suicidarse y acabar con todo? ¿Por qué no morir y ser feliz, en vez de seguir subsistiendo, viviendo y ser tan infeliz…?

Era tarde, dos horas habían transcurrido desde la última vez que supo del tiempo. 9 p.m.; todo seguía exactamente igual, silencio, nadie en casa excepto Sofía y Simón, pasando el rato o intentando hacerlo, no sé de palabra que describa lo que sucedía en esos momentos, ¿aburrimiento? Simón cambiaba y cambiaba los canales de la televisión, buscando algo que ver que sea agradable o entretenido. Sofía era un completo zombi…
“¿Quieres comer algo, Sofía? -No sé. -¿No sabes si tienes hambre o no? -Me da lo mismo. -¿Puedo comer algo yo? -Como quieras… -¿Está todo donde siempre? -Sí."
Simón se preguntaba una y otra vez el por qué estaba allí, que estaba haciendo, el por qué molestarse en tratar de hablar con una persona que no quería hacerlo y el por qué no se iba de una vez… A veces, Sofía puede llegar a ser una verdadera molestia, aunque quizá no sea del todo su culpa, “son factores externos”; decía Simón. Aunque para él Sebastián era alguien más, le daba lo mismo si existiera o no. Pero cómo le gustaría ser Sebastián o parecerse tan solo un poco más, pues a quién no le gustaría que alguien viviese así por ti como lo hacía Sofía por Sebastián. Si él fuera Sebastián… qué no haría por ella, pensaba. No la trataría así, no la haría sufrir, no se alejaría de ella. Pero él no es Sebastián y trataba de hacer lo más que podía como Simón. Y aunque él no lo creyera, podía hacer maravillas con tan solo ser Simón.


Sofía, la zombi. Sofía separada en dos: cuerpo y mente. Lo había logrado, después de mucho, estaba muerta en vida. “Oh! Felicidad Absoluta, te encontré”. Podría estar así por siempre. Su cuerpo envejeciendo lentamente, muriendo poco a poco, vacío, sin alma, esperando el final mientras su mente vagaba por su verdadera realidad, lo que ella siempre había soñado, su perfecto sueño, su mundo, su universo, un lugar donde podría ser realmente feliz, donde tenía todo lo que deseaba…
Y Sofía danzaba y cantaba feliz…. “Y va a venir…y va a venir….pronto va a venir…”
Y Sofía habla sola, ella pregunta y ella responde. Piensa. “¿Quién va a venir? ¿A quién espero?....mientras la muchacha que era Sofía seguía danzando y cantando… “Va a venir Sebastián…”, con su patética voz de niña pequeña y alegre que espera por alguien que quizá nunca llegue.
“-¿Por qué voy a esperar a alguien que se supone que está dentro de mi sueño?, por qué… Sebastián está aquí, ¿verdad? -¿Dónde está Sebastián?- ¿Dónde está? -¿Dónde está Simón? -A mi lado. -¿A tu lado, dónde? -A mi lado. -Al lado de tu cuerpo. -¿Simón, verdad que estás conmigo? ¿Simón?
Y la niña Sofía seguía danzando y cantando, sonriendo cómo si todo estuviera bien; mientras la verdad Sofía estaba flotando en un mundo, que después de todo no era su mundo, dándose cuenta de lo que sola que estaba. Sofía podría imaginarse a miles de personas a su lado, pero ninguna de ellas le prestaría atención, pues el deseo de Sofía era que todos sean felices y ella no estaba en el “plan de felicidad absoluta” de los demás. Estaba completamente sola, viviendo en un mundo donde ni Simón, ni Sebastián existían. Entonces para qué vivir…

Retomando…
Y Simón a su lado, viendo televisión. Sofía despertó e ideó un plan. Ya lo había pensando antes, cuando Sebastián la abandonó. Aquel plan no era del todo original, lo había soñado y parte de aquel serviría en este; aunque no hay comparación en lo que era aquel plan con este plan maestro; tendría que ser la mejor actriz del mundo, algo que ya era obviamente, pero esta vez tenía que serlo más. Toda su vida era una mentira y quería dejar de mentir; pero para cumplir con su cometido y ser feliz tendría que hacerlo un par de veces más.

“Sofía que estás…” Simón no tuvo tiempo de reaccionar, ni de pensar, respirar o cualquier otra cosa; cuando por fin reaccionó sus labios estaban sobre los de Sofía o mejor dicho los labios de Sofía estaba sobre los suyos. Sofía estaba sobre él. Ella estaba besándolo, algo que ni siquiera podía merecer, algo anteriormente inimaginable para él.
Sofía se apartó y lo miró por un momento pensando, luego le sonrió esperando a que el dijera o comentara alguna cosa.
“¿Y por qué eso?”, dijo al fin Simón. “¿Por qué no? Tenía ganas de hacerlo, y sé que tu también, quizá más que yo; pero eso es algo que solo puedes decir tú” Ella tenía razón y él lo sabía. “Y ahora, ¿qué?”, pensó Simón. Pero Sofía ya sabía qué hacer y qué decir. Ella miró el reloj de la pared de la sala, esperando que el tiempo la ayude con su plan. Y cómo nunca el tiempo estaba de su parte.
Sofía hizo una mueca de preocupación demasiado exagerada como para que la viera Simón.
“-¿Qué pasa Sofía? -Nada, solo que es tarde y en cualquier momento pueden llegar mis padres. -Entonces, me voy, no quiero incomodar. -Pero mañana regresarás, ¿verdad?” Sofía sabía cómo pedirle las cosas a Simón. Sofía y sus pucheros. “-Sí, mañana regreso no te preocupes”. Simón sonreía contentísimo por el mañana que Sofía anunciaba, qué sería mejor que lo que acababa de pasar, se preguntaba. “Entonces, nos vemos Simón”, sonría falsamente Sofía mientras lo acompañaba a la puerta. Le dio un dulce beso en los labios y se despidieron soñando con el mañana. Sofía cerró la puerta, suspiró. Por fin acaba la sucia treta, cerró los ojos respaldándose en la puerta… todo salía tan bien, perfecto.
Se centró en su plan, recordándolo paso a paso… no tenía que ceñirse al plan original de su sueño, pues algunas cosas no eran del todo similar a aquel, no vivía en un departamento, es decir, de esa forma imposible. Luego pensó en pastillas, pero no sabía tomarlas. Ahorcarse era demasiado macabro. Sólo sabía una forma de llegar a su cometido. Sangre, perderla de la única forma que sabía. Simón se había creído el cuento, Sebastián no iba a por ella y no iba a llegar jamás; de todos modos nunca estuvo cuando lo necesitaba, por qué iba a estarlo ahora… y regresaba a su pensamiento Simón. “El no tiene por qué sufrir todo lo que yo… Es irónico pensar que para él yo soy la persona más importante y que casi lo estoy tratando como Sebastián lo hace conmigo, con la diferencia que a Simón yo le atraigo de una forma que no me atrae Sebastián y que yo no soy tan cruel como él, pues por lo menos trato de demostrarle a Simón que aunque no la persona más importante para mí, me importa demasiado como para hacer cualquier cosa con tal de que esté bien y feliz.”. Sofía le daba vueltas una y otra vez… “¿Por qué no hacerlo?" ¿Por qué no morir de una vez por todas? Nadie la iba a extrañar. Nadie podía detenerla, Sofía sonrió, estaba terminando de planear su suicidio.

Sofía se escribe con S XV

Sombras
¿Sombras? ¿Cuáles? Si ahora todo era luz, si Simón estaba con ella, si ahora estaría bien; “…por fin, la felicidad absoluta… la encontré”. Ahora estaba todo bien, Sofía, Simón, luz… nueva vida, no malos recuerdos, no estaría sola jamás, no penas, no lágrimas, no sangre, no dolor, no Sebastián…
“¿¿Sebastián??

Y la luz se acabó, y salió del túnel, y despertó… Porque la verdad siempre sale a luz, ¿verdad? O eso dicen.

Ella podía quedarse con Simón y tratar de buscar aquella felicidad, ¿pero sería aquella la correcta? ¿La verdadera? O se volvería a equivocar condenándose a una vida de eterna y dolorosa felicidad. Ella pudo intentarlo, quería…pero no podía. Tenía una promesa que cumplir.

Tener al lado la supuesta felicidad y dejarla ir. ¿Por qué escoger el camino más difícil?
¿Por qué? Un cálido abrazo la sostenía, era reconfortante. Lo estaba abrazando también, aunque ya no con la misma intención…. O el mismo sentimiento. Se sentía mareada, todo le daba vueltas…
Sofía, ¿qué tienes? Simón se había dado cuenta, no era del todo tonto, quizá lo parecía… “Nada creo, solo me siento un poco mareada”. Estaba helada o las manos de Simón eran muy calientes. La sentó y el hizo lo mismo a su lado. “Algo tienes, dime”. Deducía Simón. Sofía recogió sus manos, miraba el piso, perdida en la oscuridad de su propio mundo, de su mente. Quería olvidar todo. El notó aquello y tomó sus manos fuertemente, calentándolas. “Sofía, yo te quiero demasiado… Quiero que estés bien, que seas realmente feliz, que sonrías de verdad, que no te hagan daño.” Simón apretó las manos de Sofía, había adivinado. Ella no pudo hablar, sentía como una burbuja en la garganta, quería llorar pero no… “llorar es para débiles”. Siempre lo había dicho desde que encontró aquella frase, se lo repetía una y otra vez cada vez que quería llorar y no se lo iba a permitir. “Sofía eres lo más importante que me ha pasado, te quiero, te quiero…. Y por eso sé que no soy lo mejor para ti…o que no soy lo que quieres….”
Dónde habría escuchado ya eso. Le era tan familiar, quería recordarlo y a la vez no… ¿importaba?
Un nombre, una persona apareció en su pensamiento. “¿Mi salvación?”….
Sofía oyó un suspiro que la adentraba en la realidad…. “Creo que es mejor que estés con Sebastián, ya está de regreso, ya no me necesitas…”
Se-bas-tián. Ese nombre. Ese “maldito” nombre. No podía vivir sin oírlo, acaso.
Trataba de no nombrarlo, pero siempre había alguien que terminaba haciéndolo. “¡Pueden dejar de hacerlo!”, recordaba Sofía. “Pero pareciera que tu pidieras a gritos que lo nombrasen. -Dejen de decir tonterías”, había respondido Sofía. Ella nunca pediría algo así, su subconsciente menos, o ella creía eso.
¿Qué responder? ¿Qué decir…le?
Que más podría hacer… Ya no había forma de salvarse, todo estaba perdido. Ahora Simón también la dejaba. Estaba sola nuevamente.
"Adiós mundo Adiós recuerdos. Adiós Simón. Adiós amigo. Sólo adiós…
Bienvenidos todos al eterno caos. Bienvenidos a mi mundo de sombras…"

Sofía se escribe con S XIV

Simón
Simón, su amigo, su nuevo confidente. La nueva persona que iba a estar allí con ella…siempre. Y esta vez el siempre no tendría fin, como debió ser desde un comienzo. O eso pensó Sofía.
Quizá un reemplazo primero, pero quizá después no. No es una contradicción, sólo que así ocurrió.

Sofía se adentró en su mundo, traspasó la barrera entre su realidad y su ficción. Ahí estaba, en su habitación sin importarle el desorden, la oscuridad y el silencio. “Nunca más…”

Hora, 7 p.m. Qué ironía, el tiempo pasa más rápido cuando no se está pendiente de él. Son sólo, cosas que pasan…y que no volverán a pasar. Sofía recogió el teléfono, lo conectó y marcó el número… “Simón, perdóname, ¿sí? Llámame o no sé, ven. Si puedes…si quieres.” Se preguntaba si estaba haciendo lo correcto, ¿qué estaría haciendo Simón? Tenía apagado el celular y nunca lo tenía así, o al menos para ella… Se habían conocido hace poco, pero él se había hecho querer, la hacía sonreír, olvidar sus problemas, la escuchaba, quizá no la aconsejaba, no la ayudaba mucho o bien, como lo hacía Sebastián, pero él estaba allí, con ella… y lo demás...no importaba.

Sofía, la niña perfecta, un ángel, la que no cometía errores…ella. Tantas cosas que fue, que quería volver a ser. Pero, ya la habían hecho sufrir demasiado y se prometió no volver a querer como aquella vez como alguna vez lo hizo, quizá ese querer fue un error. Todo iba bien, y conoció a Sebastián... Y todo estaba bien, y fueron amigos, mejores amigos, y existió lo que algunos llaman “confianza”. Y se quisieron, y se apoyaron entre ellos. Y hubo problemas… Sebastián cambió, se alejó y apareció Simón….
Y Sofía solo se dejó llevar…

Más tiempo en silencio, en la puerta o dentro, pensando. Espera, tocan. “Pasa”, gritó. Velocidad. Sofía se levanta, busca sus muñequeras, se las pone, se arregla lo mejor posible y sale. Muy rápido...

“Vine en cuento escuché tu mensaje, ¿qué pasa?”. Sofía no podía verle a los ojos a Simón, desde que se dio cuenta de lo que hacía, se sentía culpable. Se preguntaba si Sebastián sentía lo mismo… “No pasa nada, simplemente quería verte y estar contigo un rato… Te prometo que esta será la última vez.” Se atrevió a buscarle la mirada. “Siempre dices lo mismo…” ¿Qué hacer? rondaba por la mente de Sofía.

“Simón quiero pedirte perdón, por todo. Por hacerte sentir así, como un juguete, por tratarte así. Sé que soy una mala persona, pero es algo que no puedo evitar. Siempre termino haciéndole daño a los demás. Por favor… perdóname.” ¿Qué mas decir? Era todo, se mordía el labio inferior evitando llorar.

Simón se acercó a Sofía lentamente y la abrazó. ¿Qué pensar? ¿Qué pasa?
“Sabes lo que siento por Sebastián, pero también sabes lo que siento por ti… Yo te quiero Simón…”

Sofía se escribe con S XIII

Similar
"¿Similar?, mejor di casi idéntico… ¿No pudiste encontrar alguien más parecido? y no lo niegues que lo es, no te creo capaz...aunque ya no sé si lo seas o no". Recuerdos, memorias. Sofía tenía una muy buena memoria, decían que no vivía los momentos hasta después de vivirlos y eso en parte le molestaba a Sebastián, pues él era al revés... ¿Qué memorias? ¿Qué recuerdos?

Apagó el televisor, había tomado una decisión definitiva. "Pero primero...". Se levantó del sofá dirigiéndose de nuevo a su habitación. Se quedó parada en la puerta, atónita, miraba lo que había sido su perfección hecha trizas: fotos tiradas en el suelo, su cómoda semi-vacía, uno que otro póster en el suelo… ¿Qué había hecho? Está había sido la peor de todas sus crisis habían cartas arrugadas, lapiceros por doquier, su cubrecama estaba manchada y una que otra gota de sangre en el suelo, un muy pequeño charco apenas notable... "No importa" Después de todo, ya nada importaba…aunque quería sólo solucionar un problema y vitarse líos mayores. Estaba sola, Sebas ya no iba a volver a ser su amigo, o eso creía, él estaba dolido, ella lo había lastimado. Le había hecho daño a la persona que más quería en el mundo, de qué no sería capaz. "Lo siento, por favor...perdóname" Gritaba en silencio y sola se contestaba. "No me va a perdonar, ¿cómo me va a perdonar? He hecho algo malo, soy una niña mala, tengo que desaparecer, morir, ¿para qué vivir? Si la persona por la quien vivo ya no me quiere… estoy sola. No puedo soportarlo, no soy digna de lo que se llama vivir… Soy una mala persona, tan poca cosa. Además a él ya no le va a importar...Ya no me quiere, o no como antes". Sofía y su depresión. El estado bien-normal nunca existió y sólo era una de sus facetas diarias para satisfacerlo pero como ya no estaba, daba lo mismo estar bien o mal; y que mejor que estar mal y refregárselo diariamente con mensajes de tipo suicida.
Nunca creyó en la felicidad en vida, quizá solo en el estado muerte. "La felicidad infinita: la muerte. Sólo somos seres-para-la-muerte." Por otro lado, el estado normal-mal o mal-depresión, depresión - lágrimas siempre existió; hasta el punto de decir que ese era su estado de ánimo los 370 días del año o las 25 horas al día, excepto cuando estaba Sebas con ella, y éste no estuviese deprimido. Él la alegraba, le daba una razón para vivir… y sonreír.

"Ya es muy tarde, ya no me va a querer como antes, ni siquiera sé si me ha perdonado de verdad. Jamás lo hará. Después de todo, ya tiene nuevas amigas y mucho mejores que yo...ya no sirvo.". Reflexiones, sólo tenía una opción, quizá dos, pero ya no quería lastimar a alguien otra vez... como hace meses...

"Simón me siento mal, ¿salgamos si? ¿Qué te hizo? Nada." Desde que había averiguado lo de Selene, ya todo le daba igual. Olvidar. Hizo todo lo posible, cualquier cosa con tal de no sentir aquel dolor insoportable, una presión en el pecho, cualquiera se ahogaría entre tantas lágrimas, un vacío en el corazón, sentir como tu alma se rompe en mil pedacitos. "Sí, Simón me gustaría ir contigo al cine. Vale, voy por ti en una hora." Si él la había reemplazado, ¿por qué ella no podía hacer lo mismo? ¿Venganza? ¿Justicia? No importaba, la apatía la inundó completamente.

Ahora, se reía de sus pensamientos tan tontos: "¿Cómo se me pudo haber ocurrido incluir a Simón en todo esto?, él es bueno y yo le he hecho tantas maldades..." Y ahora qué hacer, pedir perdón o no, Simón ya se había dado cuenta, o quizá no, nunca lo supo, nunca se había atrevido a preguntárselo de frente; tenía tanto miedo.
La verdad nunca lo había conocido de verdad, no sabía mucho de él. Ella tan sólo quería alguien que la escuchase y él había aparecido. “-Sofía yo te quiero de verdad... Nunca te lo he negado -Lo sé Simón, sabes que yo también…” En algún momento, ella lo quiso de verdad, pero al irse Simón recordaba absolutamente todo; por eso prefería estar siempre con él. “Simón acompáñame, ¿sí?”. Quizá si Sebastián no hubiese vuelto, lo habría olvidado…
Quizá, pero era casi imposible que Sofía olvidase tantos momentos... Al contrario de lo que ella era para Sebastián, él era irreemplazable. Por más que quiso ver a Simón como su nuevo mejor amigo, nunca lo hizo… Aunque siempre la alegrara, aunque siempre se divirtiesen, aunque Simón la escuchase, aunque Simón sea parecido a Sebastián… “-Es lo que detesto, lo que más me duele Sofía, que sea como yo. Similar”

Sofía se escribe con S XII

Separación
Separación, tarde o temprano sucede. Por culpa de uno, por culpa del otro, no importa… Simplemente ocurre. Quizá ninguno de los dos se dio cuenta, o quizá sí y no lo quieren aceptar. “-Eso es lo que pasa… ya no me quieres. -Sofía… -Sí, ahora te diviertes con ella, ya te aburriste de mi. -Sofía… -No me mientas. -Sofía… -Sabes que yo te voy a querer por siempre, ¿o no lo recuerdas? -Veamos cuánto te dura -No me dejes Sebas… -Sofía, ¿ya terminaste?” Esto nunca iba terminar, siempre la habían dejado sola. Nunca había pensado que Sebas lo haría también o quizá sí, pero aún no. No ahora, ni hoy, ni mañana… Quizá en un futuro muy lejano. Sofía no quiere que él se alejara, era lo que más quería en el mundo, su mejor amigo, casi su hermano, la persona que había estado con ella en los buenos y en los peores momentos. Aunque, las cosas pasan por algo, ¿o no? Él se había ido, pero aún seguían juntos en espíritu… Pero algo sucedió, “-¡Tonta! Por eso no son reales los cuentos de hadas, siempre hay un “pero”; el destino es demasiado cruel para que todo sea así. -Cállate y déjame soñar.”. Sofía no sabía que había pasado, ya no habían cartas, ni respuestas, diez llamadas, 45 mensajes de texto, 25 timbradas al celular y dos meses. “-Sofía, ¿qué tienes? ¿Por qué no comes? -No tengo apetito, Selene, gracias. OK, si tu lo dices.” Noche tras noche, día tras día y ni una sola respuesta. Sebastián se había ido. “Ya no me quiere, estoy sola, ¿por qué estoy viva?”. No tenía razón alguna para estarlo, y fue allí donde empezaron las cortadas. “Sofía, que bonitas pulseras”. Y un sentimiento nuevo aparecía. “Te odio Sebastián, gracias por dejarme, ¡te odio!” Y quería que el sufriera, que le doliera tanto como a él y a la vez no quería hacerle daño, en el fondo lo quería tanto como al principio. “Escúchame bien porque esta vez será una de las últimas veces que me escuches decírtelo: Te quiero, siempre lo haré”. Recuerdos y más recuerdos. Y él volvió reapareciendo en su vida. “Perdóname, ¿sí? Me cambié de casa y he estado en exámenes, me robaron el celular… pero hasta hace poco recuperé el número y leí los mensajes; Sofía… Lo siento.” Su voz, la melodía, sus palabras, todo era demasiado para ella. Nunca aprendió a hablar por teléfono con él, sentía que se desmayaba, que se perdía en sus palabras, que regresaba en el tiempo. No le podía decir que no, pero en el fondo de su alma escondía un secreto.
Sofía siempre había sido vengativa. “-Las personas me hicieron así y tú más que nadie lo sabe. -Sofía, tienes que aprender a perdonar. -¿Te parece justo que perdone todo lo que me hicieron?, debería morirme, estar muerta… y sabes que no lo hago por ti. -Sofía eso no es justicia, es venganza. -Ya te lo dije, las personas me hicieron así y no puedo hacer algo al respecto.” Pero sería capaz de hacerle daño a la persona que más quiere...Tan sólo imagínense…
Tenía una rápida cicatrización, eso siempre le había sorprendido, y pues ni los últimos, ni los primeros habían sido cortes muy profundos, aunque odiaba las cicatrices. Ahora estaba “normal” o algo así; ya no tenía más lágrimas por el momento; estaba olvidando todo. Esta era su forma de perderse, de estar normal y la había aprendido del maestro, de la persona que siempre había estado con ella: Sebastián. Sofía decidió salir de su habitación dirigiéndose a su sala. Se sentó en uno de los sofás, encendió el televisor, cambiaba y cambiaba los canales, hasta que se decidió por uno. Veía o trataba de ver, de concentrarse en la serie; pero su mente regresaba a los recuerdos de hace meses, de todo lo anterior… “¿Por qué estoy viva?...no, debo olvidar…”
Concentración, era algo difícil de obtener y más cuando sientes que tus muñecas arden, pero quizá, terminó por entender lo que sucedía en la serie…. La niña de la serie lloraba y lloraba y le gritaba a otra: “No, mis padres no están divorciados, están en medio. En medio de qué- preguntaba la otra. En medio del proceso. -Explícate. -En el proceso de divorcio, de separación.”

Sofía se escribe con S XI

Siempre.

Siempre es siempre, o eso dicen todos. Para la mayoría siempre es hasta la muerte..."Hasta que la muerte los separe…". Pero para otros... "Siempre"...va mas allá de todo.
Sofía se quedó paralizada. Pensaba. Había algo que estaba mal, lo dudó. "¿Qué hice?"...Sofía recogió el teléfono y lo puso en su lugar sonriendo. "Listo. Me va a llamar y me va a decir que me quiere, él no desea que me muera. Y luego vendrá por mi y todo estará bien.” Lágrimas otra vez, tenía la sensación de que algo iba a pasar; “Tal vez si…” Lo meditaba, en otras ocasiones había sido así, pero siempre ella había sido directa. La verdad odiaba ser así, pero él era muy despistado. Quizá Sofía siempre quiso que la salvaran. No lo sé, me gustaría saberlo.
¿Cuánto tiempo tendría que esperar, que esperarlo? “Volverás, ¿verdad? Sí, Sofía. Y me llamarás o me escribirás seguido. Cuando pueda. Eso es lo que me preocupa. OK, si lo haré Sofía. No importa cuando tiempo pase, Sebas, yo te voy a esperar… Porque siempre estaremos juntos, ¿lo recuerdas?”. Era frustrante tener que recordarle a la persona que mas quieres que no se olvide de ti, que existes; algo de lo que realmente tú dudabas…
“No, no lo va a hacer. Soy una idiota… tan tonta como siempre. ¿Cómo pude pensar en algo así?” Reía con dolor, frustración, mareos; todo le daba vueltas. En cualquier caso tenía el mismo plan de salida. No importa, no la iba a llamar… ¿Por qué lo haría? Estaba a punto de desconectar el teléfono, cuando este sonó. Sofía casi cae al suelo, del susto. Contestó.
“Sofía adivina quien está aquí…Hola Selene, ¿quién? (y a mí… ¿qué me importa?). Qué raro que no lo supieras: ¡¡Sebastián!!”. Sofía colgó el teléfono, lo desconectó y lo lanzó lejos de su habitación.
Pero ahora sonó su móvil, Simón. “-¿Sofía estas bien? -Sí, por supuesto, ¿qué quieres? -¿Segura? -Sí. Entonces, por qué le dijiste a Sebastián que íbamos a ir al cine. -Pues…porque… Le tuve que mentir y decirle que sí, que para tu casa voy, ¿quieres que vaya? -No. -¿Me explicarás? -Si me dejaras… -OK, dale.”
Sofía odiaba las clases de literatura, de lengua y de todo lo que tenga que ver con letras, pero siempre fue la primera en todo. Odiaba tener que redactar, simplemente le aburría pensar y buscaba la manera de hacer todo fácilmente, es irónico: Odiaba la rutina, pero su vida era una. En las exposiciones, hacia lo mismo una y otra vez, se sorprendía de que nadie se diera cuenta de aquello, bueno, se sorprendía de todos menos de Sebas; él siempre supo todo de ella. De tanto hacerlo, Sofía había aprendido fácilmente la habilidad de hablar bien y argumentar cuando era necesario. Podía mentir fácilmente si se lo proponía.
“(…) -Así que lo siento. -No lo sientas Sofía, sólo no lo vuelvas a hacer, estoy cansado de ser tu juguete. -Tú no eres mi juguete Simón y siento si te pareció eso, tengo que colgar, adiós”.
No quería hablar, solo quería estar sola y pensar. Tampoco podía ahora hablar, no lo haría bien, se olvidaría de varias cosas, de palabras… Sofía estaba preocupada, solo había algo que rondaba su mente. “Sí Sofía, lo recuerdo… Juntos por siempre”.

Sofía se escribe con S X

Salvación
“Salvación… sí, esa es la palabra adecuada". Los recuerdos de Sofía se entremezclaban, ya no lloraba, ya no tenía lágrimas. Tenía la boca reseca. Ella solo esperaba que llegara el momento... ¿Por qué pensar en alguien que nunca pensó en ella? ¿Por qué debería importarle? ..."Sofía, ¿por qué te importante tanto alguien que está tan lejos de aquí....a miles de millas?" Las personas no entienden, nunca entenderán son demasiado...humanas. Recuerdos, sombras, luz, oscuridad, un largo caminar, el teléfono que suena, Sofía se levanta como puede..."y ahora, ¿quién?..."...
"-¿Hola?, ¿bueno? -Sofía, ahms…hola. -Sebas… ¡tú!, ¿cómo conseguiste el número? -Eso no importa, ¿estás bien? -Sí, si lo estoy (desde que te fuiste estoy muy bien-sarcasmo-). -¿Segura?, ¿no me mientes? -Aja, sí muy segura. -¿Tienes tiempo? -No, la verdad no… justo ahora estaba de salida, Simón me invitó al cine (Si supieras que no es cierto, me matarías pero es lo mejor). -Ahms, pues entonces diviértete mucho, ¿sí? -Eso no tienes que decirlo.” Trataba de sonar alegre, pero quizá su voz la delataba y él no quería decir nada, o quizá no. Sofía quería que él sufriera por todo lo que ella estaba pasando, todo lo que ella había sufrido desde que él se marchó; y le encantaba hablar de Simón con él. Tantas cosas pasan en su mente: recuerdos otra vez, momentos alegres y malos, lágrimas y risas, juegos. Y las lágrimas salieron a flote nuevamente, se le quebraba lenta e imperceptiblemente la voz, se veía las muñecas, se sentía débil pero no había perdido mucha sangre o quizá sí pero no la suficiente. “-Bueno, no te quito más tiempo. -Ahms… (¿Por qué no te das cuenta?..). -Sofía, te extraño. -Adiós Sebastián. -Adiós Sofía, cuídate.”...
Tiró el teléfono, no más molestias, desactivó la alarma de su casa. Todo le daba igual. “Sofía quiere llorar, quiere llorar…” Siempre se había hecho la fuerte, la que todo lo puede y sólo había una persona en el mundo que la entendía o que lo intentaba; pero esa persona se había marchado, la había dejado sola, ya no había forma de evitar lo peor. “Adiós Sebastián”. Ya no está, se ha ido. Ya no hay forma, él nunca quiso ser salvado… Y otro diálogo, otro caleidoscopio de recuerdos invade la mente de Sofía, abría los ojos y sus pupilas se dilataban... “-Sebastián, no te dejas ayudar, ni siquiera me dices qué tienes, qué quieres… Termino adivinando, o rogándole a Selene, la normal, en quien parece que confiaras más y recién la conoces, pero claro… No me dice ¡Nada de nada! Y me quedo con la rabia y el dolor que me causa el afirmar que no deseas que te ayude –Ya no quiero la ayuda de los demás, la esperé por años y años… Y, por favor no mates tu tiempo con Selene, ella no sabe nada –Tú, por favor… Sólo dime, si no quieres ayuda, qué deseas… - Quiero ser alguien para los demás, lo que tú llamas normal, quiero dejar de ser el chico defectuoso –Pero Sebas – Espera, ¡basta! No, ya no quiero oír nada Sofía… ¿Por qué siempre me haces esto, eh? ¿Te sientes mejor ahora? Espero y si –Perdón, sabes que la defectuosa soy yo –Olvídalo, sólo… Sólo déjame respirar, mira, yo no busco dar lástima, no busco que me ayuden ya, eso lo busqué hace tiempo. Antes quería cariño, de mis padres, de mis amigos, de ti… Ya no quiero nada, de nadie, no quiero palabras de aliento de los demás. Lo único que deseo es valerme por mi mismo… Dejar de depender de otros. Sofía escúchame y hazme caso de una vez, te lo he dicho desde hace tiempo, yo no soy un amigo...nunca soy un buen amigo, no he aprendido a ser un buen amigo” Y no encontró la forma, nunca la hallaba. Era ella y sus tristes recuerdos y pensamientos. No la hay, nunca la hubo… No tuvo oportunidad, no fue llamada, no era parte de la salvación...

Sofía se escribe con S IX

Sueños
Sueños, metas, logros, objetivos y tantas tonterías que antes de morir no sirven para cosa alguna. Un poco de todo pasa por la mente de Sofía: sueños, ideales, momentos alegres, premios, buenos recuerdos. Es una mezcla saturada de matices reales e irreales… “-¿Entiendes?”….
“A veces no sé qué digo, que pienso”. Pero, qué es lo más importante de entre todo. Sofía piensa. “Obvio, lo más importante… ¿qué es lo más importante?..” Las razones, los malos recuerdos, peleas, gritos, soledades, golpes, enojos, la causa o el causante… “-¿En qué piensas? -En ti no. -¡Ha! Graciosa, es enserio… ¿En qué piensas? -Me gustaría vivir en un mundo de hadas. -Sofía, no seas ridícula… me pregunto ¿cuándo crecerás? -No quiero crecer… y tampoco es una ridiculez, no ves lo maravilloso que puede ser. -No, no lo veo. -Gracias ¡eh! -Yo creo que todo depende del papel que tengas en el cuento. -Ahh! -¿Qué pasa? -Espera a que se me ocurra una buena respuesta. –Vale, yo espero.” Sofía cerró los ojos.
“Sofía que me vaya lejos no quiere decir que no te quiera, que te dejaré de querer. Sebas… te estoy perdiendo, te voy a perder. No lo veas así, tú fuiste la de la idea. Pero yo quería ir contigo, no irme a otro lugar… y lo peor es que lo mío es dentro de unos años… Eso te pasa por saberlo todo. Cállate. Sofía, prométeme que vas a estar bien. No puedo. Sofía, si no lo haces por ti, hazlo por mí; prometimos estar juntos por siempre y lo vamos a estar… esto no es un adiós, es solo un hasta luego, Sofía te aprecio mucho, pero déjame ir, déjame cumplir mis metas, mis sueños…”

Sofía se escribe con S VIII

Suficiente.
“¡Suficiente!, ¡¡Basta!! ¡¡Quiero dejar de sentir esto, es que ya no siento el salir de mi sangre!! Ya no puedo más intentar esto.” Sofía se levantó de su posición, se sentó mirándose en el espejo, se recogió el cabello, rebuscaba sus bolsillos. “¿Dónde? ¿Dónde está?” Se levantó, daba vueltas en su dormitorio. Lloraba. Buscaba en sus repisas, tiraba todo. “¿Dónde…?” Arrancó los póster de sus paredes, tiró el reloj: “6:20… ¡bah!”. La encontró, en su cofre. “Ese” cofre antiguo, olvidado… en lo más profundo de su habitación, de su memoria, de su mundo. Sebastián se la había regalado una semana antes de que empezara todo… “-Y ahora te tengo que decir Sebas, “el normal” ¿verdad? –No le veo lo malo a ser normal –Siempre quisiste ser un chico común y corriente y jugar y hacer lo que hacen los otros –Estoy cansado de ser invisible. Es todo. –Bueno, que clases amigos querrás que sólo te siguen o te acompañan cuando eres de la manada, como aquellos… -Sólo quiero que me noten, que estoy ahí, existo. Ya no quiero ser un cero a la izquierda, ya no quiero estar fuera del círculo y hablarle a los gatos o quedarme mirando a un punto fijo mientras pasa el día y yo espero que termine para correr a casa y esconderme y estar tranquilo. Ya te lo dije, si ya no te agrado puedes dejar de hablarme –Voy a estar contigo siempre, así seas un chico del montón. Sólo me gustaría que fueras un poco más…-No cambio por las personas, que te quede claro, es muy raro que lo haga, es rarísimo de hecho. Siempre lo hago por mí, puede que suene egoísta pero es así, siempre veo por mí.” Era la primera vez que discutían en serio, nunca olvidaría ese día, los ojos de Sebastián, su mirada gélida, el dolor que le produjeron esas palabras en forma de gritos, reclamos. Maldita memoria, siempre recordaba las cosas cuando no tenía que hacerlas… “-Que debería hacer esto, aquello, que debería ser así… Estoy harto Sofía. No es mi culpa que no sea como quieres. ¿Por qué te gusta hablar de estas cosas? ¿Te gusta que te grite? ¿Te gusta tanto sufrir que quieres que te haga daño? ¡Eres una idiota y arruinaste todo! -Perdón… -Siempre, pero siempre y lo sabes, he intentado hacerte sentir bien, ser alguien para ti y tú nunca lo agradeciste. Siempre tenías un pero… Sabes Sofía, no eres la única con problemas, a mí nadie me ayuda… A mí nadie me dice lo que quiero oír… ¿Crees que eres buena amiga?”
Sí, aún tenía filo, y tenía una mancha en el lado superior. “Bueno, uso el otro lado; de todas formas, ya necesito comprar otra”. Lo pensó dos veces antes de hacerlo. “Sí o no…” La cuchilla brillaba en su mano. La tomó apuntando a su muñeca. “Si tan solo…”. Suspiró. No iba a dejar que volviera a ocurrir… La cuchilla resbalaba. Resbaló suavemente. Jugaba a hacer aquello y deseaba que fuese suficiente. Hacía tiempo y no sabía para qué; y mientras apenas se desangraba pensaba en ello. Se lanzó en su cama mirando el techo buscando las estrellas. “Es… fue… Suficiente.”

Sofía se escribe con S VII

Silencio.
¡Silencio!, ¡cállense! ¡No! No lo digas, por favor” Sofía lloraba. “Shhhh, no por favor” ¿A quién suplicaría de esa forma? Sofía se levantó como pudo, gateó con las pocas fuerzas que le quedaban hacia el otro extremo de su cama, se sentó apoyándose en el cabezal de la cama, abrazando sus piernas, llorando. “¡Cállate!, ¡déjame tranquila!... Déjenme… ¡Sí! ¡Déjenme… sola!”Sus manos ensangrentadas cubrieron sus oídos… ¿crisis?
Las personas no entienden, nunca han entendido, nunca lo harán. Son todas iguales. Recordaba aquella conversación, siempre había sido curiosa y eso le había causado tantos problemas, que después terminaba arrepintiéndose. "–Selene, es que no lo veo justo. No creo merecer ser lo más importante para ella. Ella no lo es para mí, me importa y mucho, pero no es lo más importante. Además, ella me da más atención de la que yo a ella. –Sebastián, pero acaso no te gusta, no te sienta bien el que te considere así… Sabes cómo es Sofía” Nunca se había arrepentido tanto, maldecía su curiosidad y el haber escuchado una conversación por teléfono que no le pertenecía. Selene, era amiga de ambos y conocía un poco de los dos… Siempre se preguntó por qué él prefería hablarle a Selene que a ella misma, que se supone que era su mejor amiga… “-No es un intercambio justo, lo entiendes Selene?” Ese día no quería seguir escuchando pero lo había hecho y ya no pudo colgar. Sofía se recostó de nuevo en el mismo lugar que antes: boca arriba, llorando, delirando, recordando “¡no es cierto!, ¡no lo es! ¡Todo está bien!”. Aquellos recuerdos, aquellas palabras… “-No es que no me importe, como ya lo dije no es un intercambio justo, me importa demasiado pero no tanto como yo le importo a ella o al menos como lo hace notar. Debería darle ese tiempo y espacio de su vida y mente a otra persona…Ahora más que nunca que no estoy con ella. Alguien que no la dañe y que le diga cada dos por tres cuanto la quiere, cuanto le importa y lo que significa para esa persona. Yo no lo hago, no nace de mi decir lo que siento, expresar mis emociones…no soy así…más bien soy…reservado, serio, callado, pienso sin decir lo que pasa por mi mente. Todo me lo guardo, ya no confío en nadie del todo. No sé por qué te estoy diciendo todo esto Selene –Está bien Sebas, sabes que no diré nada. –Tan sólo dile que la aprecio, que eso nunca lo dude… ¿sí?”

Sofía vivía en un vecindario tranquilo y silencioso, demasiado diría yo. “Shhhh” Nadie tiene idea del poder de nuestra mente, de las cosas en las que pensamos, imaginamos, aquellos momentos que recordamos en silencio. ¿Cuánto de cerca está nuestro propio mundo, del real? Sofía llora y sus pupilas dilatas denotaban una real crisis nerviosa. “¡Muérete ya! Por favor… ¡quiero morirme!.. Quiero dejar de sangrar, duele… quiero dejar de respirar, es inútil. Quiero estar sola… Necesito dormir.” Cerró los ojos. “Por favor.” Suplicaba. “¡Ya! ¡Silencio!”.

Sofía se escribe con S VI

Sofisticado.
“Sofisticado, ¿por qué no te das cuenta?...No puede ser simple, Sofía no es así,- Entonces, ¿qué es? ¿Cómo es? - Ya te lo dije, escúchame. Es… sofisticado” Recordaba y meditaba sobre sus respuestas, las suyas y las de él; todas. Hablaba sola, deliraba y le sorprendía el cómo en momentos tristes era capaz de recordar absolutamente todo. ¿Y la sangre? La sangre de sus muñecas continuaba fluyendo, ya se había mezclado con sus cartas, su cubrecama, el suelo, sus cabellos, su frente, ella. “Hace frío…”
“No, no es sofisticado, ¡tú lo haces así! -Es que es imposible, entiende. -¡No! ¡No lo es!...Yo te quiero.” Sofía tenía un tocadiscos antiguo, se lo había comprado en Navidad y hace poco lo había mandado a arreglar para que se pudieran escuchar CDs. Era genial, lo es realmente. Es de madera, o bueno es de algún material que se le parece; la verdad no sé como describirlo, simplemente es un tocadiscos que se tiene que ver…
“Me gusta esa canción. - A mí no. -Sebas… -¿Qué Sofía? -Nada” Los pensamientos se mezclaban, se enredaban en su cabeza provocando alucinaciones; se mezclaban así como su sangre y lo exterior, así como todo en la vida. Momentos de luz y de oscuridad… “-Sofía, sólo prométeme una cosa – ¿Qué? –Nunca pero nunca pierdas la esperanza. Sonríe, todo va a estar bien. –Sebas, me vas a hacer llorar… -Llora, no tiene nada de malo; sólo… No te odies, ¿sí?” Era difícil no hacerlo, qué era ella sin él, la vida no tenía sentido sin alguien con quien compartirla. Las tardes de los viernes, ambos solían conversar, soñar, huir de esa realidad en la que vivían y trazaban planes inimaginables; a veces discutían pero eso sólo pasaba cuando uno de los dos realmente estaba mal… “No lo entiendo, ¿por qué la gente suele pensar tanto en el suicidio? Hay vidas peores y yo lo sé más que nadie –Cada uno cree que sus problemas son lo peor que existe Sebas, eso no se puede evitar –Mira, yo no soy nadie para decirle a cualquiera, ni siquiera a ti “No te suicides” o decirte qué hacer con tu vida, pero no tienes el derecho de privarte de ella. Hay cosas que pueden funcionar, que pueden hacer sentirte mejor –Un abrazo tuyo, por ejemplo. –Hay no, no digas eso. Me haces sentir como si fuera la gran cosa. -¿Qué haría yo sin ti? No tendría sentido vivir para mí –Sofía, si todos cada vez que tuviéramos problemas hiciéramos eso, el mundo estaría peor de lo que está ahora. Si algún día no estoy, sólo sé fuerte. – ¿Has pensando ya, en "no estar"? ¡El viaje!, me vas a dejar sola, casi lo olvido y está bien… Pero por lo que dices pareciera que no importo, sólo dilo y ya, me voy haciendo a la idea. –Sofía no es eso, obvio me importas. Te quiero y no quiero que te pase nada, en serio –Pensé que no te gustaba decir esa frase… -Si tengo que hacerlo, lo diré… Me has hecho decirlo… Te quiero. Eres una de las pocas personas a la que confío mis secretos, no quiero que te pase nada –No sé qué decirte –Que tal un: No lo haré nunca Sebas… y claro, regálame una sonrisa. –No quiero que termine este año… -Regresaré, sólo es un año o quizá menos… Estaremos bien, prométemelo ¿sí?” Sofía sabia que igual que ella, él tenía la manía de olvidar lo doloroso, pero no le veía el por qué de olvidarse de una promesa. Le dolía demasiado. Entonces, si él no había cumplido con su parte, porqué ella debía de hacerlo. Aunque sería mucho más sencillo si no recordase… Sus palabras, la sangre, él, su familia, sus sueños, aquellas promesas, él, recuerdos, gritos, silencio, ideas, él, sombras, sangre… “Es… sofisticado”.

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