Sofía se escribe con S XVI

Suicidio
Suicidio, suicidarse, pensar en. ¿Quién alguna vez no lo ha hecho? ¿Quién no ha deseado tener el valor de hacerlo? ¿Quién no desearía poder haberlo hecho en ese preciso momento, cuando en realidad pudiste hacerlo? No lo nieguen, aunque sea por una milésima de segundo la idea a cruzado por cualquier mente. ¿A quién no? Es algo tan natural, el ser humano por el simple hecho de serlo tendrá la manía, por decirlo así, de creerse Dios y querer acabar con su vida o con la de los demás. Pero eso no es del todo importante, esas preguntas no son “las preguntas”, o por lo menos para Sofía no lo eran, pues por qué tendría que importarle el resto o lo que los demás pensarán si ellos no se preocupaban por ella. La pregunta clave para Sofía era, ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no suicidarse y acabar con todo? ¿Por qué no morir y ser feliz, en vez de seguir subsistiendo, viviendo y ser tan infeliz…?

Era tarde, dos horas habían transcurrido desde la última vez que supo del tiempo. 9 p.m.; todo seguía exactamente igual, silencio, nadie en casa excepto Sofía y Simón, pasando el rato o intentando hacerlo, no sé de palabra que describa lo que sucedía en esos momentos, ¿aburrimiento? Simón cambiaba y cambiaba los canales de la televisión, buscando algo que ver que sea agradable o entretenido. Sofía era un completo zombi…
“¿Quieres comer algo, Sofía? -No sé. -¿No sabes si tienes hambre o no? -Me da lo mismo. -¿Puedo comer algo yo? -Como quieras… -¿Está todo donde siempre? -Sí."
Simón se preguntaba una y otra vez el por qué estaba allí, que estaba haciendo, el por qué molestarse en tratar de hablar con una persona que no quería hacerlo y el por qué no se iba de una vez… A veces, Sofía puede llegar a ser una verdadera molestia, aunque quizá no sea del todo su culpa, “son factores externos”; decía Simón. Aunque para él Sebastián era alguien más, le daba lo mismo si existiera o no. Pero cómo le gustaría ser Sebastián o parecerse tan solo un poco más, pues a quién no le gustaría que alguien viviese así por ti como lo hacía Sofía por Sebastián. Si él fuera Sebastián… qué no haría por ella, pensaba. No la trataría así, no la haría sufrir, no se alejaría de ella. Pero él no es Sebastián y trataba de hacer lo más que podía como Simón. Y aunque él no lo creyera, podía hacer maravillas con tan solo ser Simón.


Sofía, la zombi. Sofía separada en dos: cuerpo y mente. Lo había logrado, después de mucho, estaba muerta en vida. “Oh! Felicidad Absoluta, te encontré”. Podría estar así por siempre. Su cuerpo envejeciendo lentamente, muriendo poco a poco, vacío, sin alma, esperando el final mientras su mente vagaba por su verdadera realidad, lo que ella siempre había soñado, su perfecto sueño, su mundo, su universo, un lugar donde podría ser realmente feliz, donde tenía todo lo que deseaba…
Y Sofía danzaba y cantaba feliz…. “Y va a venir…y va a venir….pronto va a venir…”
Y Sofía habla sola, ella pregunta y ella responde. Piensa. “¿Quién va a venir? ¿A quién espero?....mientras la muchacha que era Sofía seguía danzando y cantando… “Va a venir Sebastián…”, con su patética voz de niña pequeña y alegre que espera por alguien que quizá nunca llegue.
“-¿Por qué voy a esperar a alguien que se supone que está dentro de mi sueño?, por qué… Sebastián está aquí, ¿verdad? -¿Dónde está Sebastián?- ¿Dónde está? -¿Dónde está Simón? -A mi lado. -¿A tu lado, dónde? -A mi lado. -Al lado de tu cuerpo. -¿Simón, verdad que estás conmigo? ¿Simón?
Y la niña Sofía seguía danzando y cantando, sonriendo cómo si todo estuviera bien; mientras la verdad Sofía estaba flotando en un mundo, que después de todo no era su mundo, dándose cuenta de lo que sola que estaba. Sofía podría imaginarse a miles de personas a su lado, pero ninguna de ellas le prestaría atención, pues el deseo de Sofía era que todos sean felices y ella no estaba en el “plan de felicidad absoluta” de los demás. Estaba completamente sola, viviendo en un mundo donde ni Simón, ni Sebastián existían. Entonces para qué vivir…

Retomando…
Y Simón a su lado, viendo televisión. Sofía despertó e ideó un plan. Ya lo había pensando antes, cuando Sebastián la abandonó. Aquel plan no era del todo original, lo había soñado y parte de aquel serviría en este; aunque no hay comparación en lo que era aquel plan con este plan maestro; tendría que ser la mejor actriz del mundo, algo que ya era obviamente, pero esta vez tenía que serlo más. Toda su vida era una mentira y quería dejar de mentir; pero para cumplir con su cometido y ser feliz tendría que hacerlo un par de veces más.

“Sofía que estás…” Simón no tuvo tiempo de reaccionar, ni de pensar, respirar o cualquier otra cosa; cuando por fin reaccionó sus labios estaban sobre los de Sofía o mejor dicho los labios de Sofía estaba sobre los suyos. Sofía estaba sobre él. Ella estaba besándolo, algo que ni siquiera podía merecer, algo anteriormente inimaginable para él.
Sofía se apartó y lo miró por un momento pensando, luego le sonrió esperando a que el dijera o comentara alguna cosa.
“¿Y por qué eso?”, dijo al fin Simón. “¿Por qué no? Tenía ganas de hacerlo, y sé que tu también, quizá más que yo; pero eso es algo que solo puedes decir tú” Ella tenía razón y él lo sabía. “Y ahora, ¿qué?”, pensó Simón. Pero Sofía ya sabía qué hacer y qué decir. Ella miró el reloj de la pared de la sala, esperando que el tiempo la ayude con su plan. Y cómo nunca el tiempo estaba de su parte.
Sofía hizo una mueca de preocupación demasiado exagerada como para que la viera Simón.
“-¿Qué pasa Sofía? -Nada, solo que es tarde y en cualquier momento pueden llegar mis padres. -Entonces, me voy, no quiero incomodar. -Pero mañana regresarás, ¿verdad?” Sofía sabía cómo pedirle las cosas a Simón. Sofía y sus pucheros. “-Sí, mañana regreso no te preocupes”. Simón sonreía contentísimo por el mañana que Sofía anunciaba, qué sería mejor que lo que acababa de pasar, se preguntaba. “Entonces, nos vemos Simón”, sonría falsamente Sofía mientras lo acompañaba a la puerta. Le dio un dulce beso en los labios y se despidieron soñando con el mañana. Sofía cerró la puerta, suspiró. Por fin acaba la sucia treta, cerró los ojos respaldándose en la puerta… todo salía tan bien, perfecto.
Se centró en su plan, recordándolo paso a paso… no tenía que ceñirse al plan original de su sueño, pues algunas cosas no eran del todo similar a aquel, no vivía en un departamento, es decir, de esa forma imposible. Luego pensó en pastillas, pero no sabía tomarlas. Ahorcarse era demasiado macabro. Sólo sabía una forma de llegar a su cometido. Sangre, perderla de la única forma que sabía. Simón se había creído el cuento, Sebastián no iba a por ella y no iba a llegar jamás; de todos modos nunca estuvo cuando lo necesitaba, por qué iba a estarlo ahora… y regresaba a su pensamiento Simón. “El no tiene por qué sufrir todo lo que yo… Es irónico pensar que para él yo soy la persona más importante y que casi lo estoy tratando como Sebastián lo hace conmigo, con la diferencia que a Simón yo le atraigo de una forma que no me atrae Sebastián y que yo no soy tan cruel como él, pues por lo menos trato de demostrarle a Simón que aunque no la persona más importante para mí, me importa demasiado como para hacer cualquier cosa con tal de que esté bien y feliz.”. Sofía le daba vueltas una y otra vez… “¿Por qué no hacerlo?" ¿Por qué no morir de una vez por todas? Nadie la iba a extrañar. Nadie podía detenerla, Sofía sonrió, estaba terminando de planear su suicidio.

Sofía se escribe con S XV

Sombras
¿Sombras? ¿Cuáles? Si ahora todo era luz, si Simón estaba con ella, si ahora estaría bien; “…por fin, la felicidad absoluta… la encontré”. Ahora estaba todo bien, Sofía, Simón, luz… nueva vida, no malos recuerdos, no estaría sola jamás, no penas, no lágrimas, no sangre, no dolor, no Sebastián…
“¿¿Sebastián??

Y la luz se acabó, y salió del túnel, y despertó… Porque la verdad siempre sale a luz, ¿verdad? O eso dicen.

Ella podía quedarse con Simón y tratar de buscar aquella felicidad, ¿pero sería aquella la correcta? ¿La verdadera? O se volvería a equivocar condenándose a una vida de eterna y dolorosa felicidad. Ella pudo intentarlo, quería…pero no podía. Tenía una promesa que cumplir.

Tener al lado la supuesta felicidad y dejarla ir. ¿Por qué escoger el camino más difícil?
¿Por qué? Un cálido abrazo la sostenía, era reconfortante. Lo estaba abrazando también, aunque ya no con la misma intención…. O el mismo sentimiento. Se sentía mareada, todo le daba vueltas…
Sofía, ¿qué tienes? Simón se había dado cuenta, no era del todo tonto, quizá lo parecía… “Nada creo, solo me siento un poco mareada”. Estaba helada o las manos de Simón eran muy calientes. La sentó y el hizo lo mismo a su lado. “Algo tienes, dime”. Deducía Simón. Sofía recogió sus manos, miraba el piso, perdida en la oscuridad de su propio mundo, de su mente. Quería olvidar todo. El notó aquello y tomó sus manos fuertemente, calentándolas. “Sofía, yo te quiero demasiado… Quiero que estés bien, que seas realmente feliz, que sonrías de verdad, que no te hagan daño.” Simón apretó las manos de Sofía, había adivinado. Ella no pudo hablar, sentía como una burbuja en la garganta, quería llorar pero no… “llorar es para débiles”. Siempre lo había dicho desde que encontró aquella frase, se lo repetía una y otra vez cada vez que quería llorar y no se lo iba a permitir. “Sofía eres lo más importante que me ha pasado, te quiero, te quiero…. Y por eso sé que no soy lo mejor para ti…o que no soy lo que quieres….”
Dónde habría escuchado ya eso. Le era tan familiar, quería recordarlo y a la vez no… ¿importaba?
Un nombre, una persona apareció en su pensamiento. “¿Mi salvación?”….
Sofía oyó un suspiro que la adentraba en la realidad…. “Creo que es mejor que estés con Sebastián, ya está de regreso, ya no me necesitas…”
Se-bas-tián. Ese nombre. Ese “maldito” nombre. No podía vivir sin oírlo, acaso.
Trataba de no nombrarlo, pero siempre había alguien que terminaba haciéndolo. “¡Pueden dejar de hacerlo!”, recordaba Sofía. “Pero pareciera que tu pidieras a gritos que lo nombrasen. -Dejen de decir tonterías”, había respondido Sofía. Ella nunca pediría algo así, su subconsciente menos, o ella creía eso.
¿Qué responder? ¿Qué decir…le?
Que más podría hacer… Ya no había forma de salvarse, todo estaba perdido. Ahora Simón también la dejaba. Estaba sola nuevamente.
"Adiós mundo Adiós recuerdos. Adiós Simón. Adiós amigo. Sólo adiós…
Bienvenidos todos al eterno caos. Bienvenidos a mi mundo de sombras…"

Sofía se escribe con S XIV

Simón
Simón, su amigo, su nuevo confidente. La nueva persona que iba a estar allí con ella…siempre. Y esta vez el siempre no tendría fin, como debió ser desde un comienzo. O eso pensó Sofía.
Quizá un reemplazo primero, pero quizá después no. No es una contradicción, sólo que así ocurrió.

Sofía se adentró en su mundo, traspasó la barrera entre su realidad y su ficción. Ahí estaba, en su habitación sin importarle el desorden, la oscuridad y el silencio. “Nunca más…”

Hora, 7 p.m. Qué ironía, el tiempo pasa más rápido cuando no se está pendiente de él. Son sólo, cosas que pasan…y que no volverán a pasar. Sofía recogió el teléfono, lo conectó y marcó el número… “Simón, perdóname, ¿sí? Llámame o no sé, ven. Si puedes…si quieres.” Se preguntaba si estaba haciendo lo correcto, ¿qué estaría haciendo Simón? Tenía apagado el celular y nunca lo tenía así, o al menos para ella… Se habían conocido hace poco, pero él se había hecho querer, la hacía sonreír, olvidar sus problemas, la escuchaba, quizá no la aconsejaba, no la ayudaba mucho o bien, como lo hacía Sebastián, pero él estaba allí, con ella… y lo demás...no importaba.

Sofía, la niña perfecta, un ángel, la que no cometía errores…ella. Tantas cosas que fue, que quería volver a ser. Pero, ya la habían hecho sufrir demasiado y se prometió no volver a querer como aquella vez como alguna vez lo hizo, quizá ese querer fue un error. Todo iba bien, y conoció a Sebastián... Y todo estaba bien, y fueron amigos, mejores amigos, y existió lo que algunos llaman “confianza”. Y se quisieron, y se apoyaron entre ellos. Y hubo problemas… Sebastián cambió, se alejó y apareció Simón….
Y Sofía solo se dejó llevar…

Más tiempo en silencio, en la puerta o dentro, pensando. Espera, tocan. “Pasa”, gritó. Velocidad. Sofía se levanta, busca sus muñequeras, se las pone, se arregla lo mejor posible y sale. Muy rápido...

“Vine en cuento escuché tu mensaje, ¿qué pasa?”. Sofía no podía verle a los ojos a Simón, desde que se dio cuenta de lo que hacía, se sentía culpable. Se preguntaba si Sebastián sentía lo mismo… “No pasa nada, simplemente quería verte y estar contigo un rato… Te prometo que esta será la última vez.” Se atrevió a buscarle la mirada. “Siempre dices lo mismo…” ¿Qué hacer? rondaba por la mente de Sofía.

“Simón quiero pedirte perdón, por todo. Por hacerte sentir así, como un juguete, por tratarte así. Sé que soy una mala persona, pero es algo que no puedo evitar. Siempre termino haciéndole daño a los demás. Por favor… perdóname.” ¿Qué mas decir? Era todo, se mordía el labio inferior evitando llorar.

Simón se acercó a Sofía lentamente y la abrazó. ¿Qué pensar? ¿Qué pasa?
“Sabes lo que siento por Sebastián, pero también sabes lo que siento por ti… Yo te quiero Simón…”

Song: On my own

Me encanta esta canción, este clásico, el libro, la película..todo. Espero que lo disfruten.

On my own - Les miserables
And now I'm all alone again
Nowhere to turn, no one to go to.
Without a home, without a friend
without a face to say hello to
But now the night is near
And I can make-believe he's here


Sometimes I walk alone at night
When everybody else is sleeping
I think of him and then I'm happy
With the company I'm keeping
The city goes to bed
And I can live inside my head


On my own
Pretending he's beside me
All alone
I walk with him 'til morning
Without him, I feel his arms around me
And when I lose my way, I close my eyes and he has found me


In the rain
The pavement shines like silver
All the lights are misty in the river
In the darkness, the trees are full of starlight
And all I see is him and me forever and forever


And I know it's only in my mind
That I'm talking to myself and not to him
And although I know that he is blind
Still I say there's a way for us


I love him
But when the night is over
He is gone
The river's just a river
Without him, the world around me changes
The trees are bare and everywhere the streets are full of strangers


I love him
But every day I'm lonely
All my life I've only been pretending
Without me, his world will go on turning
The world is full of happiness that I have never known


I love him
I love him
I love him...
But only on my own...


Sofía se escribe con S XIII

Similar
"¿Similar?, mejor di casi idéntico… ¿No pudiste encontrar alguien más parecido? y no lo niegues que lo es, no te creo capaz...aunque ya no sé si lo seas o no". Recuerdos, memorias. Sofía tenía una muy buena memoria, decían que no vivía los momentos hasta después de vivirlos y eso en parte le molestaba a Sebastián, pues él era al revés... ¿Qué memorias? ¿Qué recuerdos?

Apagó el televisor, había tomado una decisión definitiva. "Pero primero...". Se levantó del sofá dirigiéndose de nuevo a su habitación. Se quedó parada en la puerta, atónita, miraba lo que había sido su perfección hecha trizas: fotos tiradas en el suelo, su cómoda semi-vacía, uno que otro póster en el suelo… ¿Qué había hecho? Está había sido la peor de todas sus crisis habían cartas arrugadas, lapiceros por doquier, su cubrecama estaba manchada y una que otra gota de sangre en el suelo, un muy pequeño charco apenas notable... "No importa" Después de todo, ya nada importaba…aunque quería sólo solucionar un problema y vitarse líos mayores. Estaba sola, Sebas ya no iba a volver a ser su amigo, o eso creía, él estaba dolido, ella lo había lastimado. Le había hecho daño a la persona que más quería en el mundo, de qué no sería capaz. "Lo siento, por favor...perdóname" Gritaba en silencio y sola se contestaba. "No me va a perdonar, ¿cómo me va a perdonar? He hecho algo malo, soy una niña mala, tengo que desaparecer, morir, ¿para qué vivir? Si la persona por la quien vivo ya no me quiere… estoy sola. No puedo soportarlo, no soy digna de lo que se llama vivir… Soy una mala persona, tan poca cosa. Además a él ya no le va a importar...Ya no me quiere, o no como antes". Sofía y su depresión. El estado bien-normal nunca existió y sólo era una de sus facetas diarias para satisfacerlo pero como ya no estaba, daba lo mismo estar bien o mal; y que mejor que estar mal y refregárselo diariamente con mensajes de tipo suicida.
Nunca creyó en la felicidad en vida, quizá solo en el estado muerte. "La felicidad infinita: la muerte. Sólo somos seres-para-la-muerte." Por otro lado, el estado normal-mal o mal-depresión, depresión - lágrimas siempre existió; hasta el punto de decir que ese era su estado de ánimo los 370 días del año o las 25 horas al día, excepto cuando estaba Sebas con ella, y éste no estuviese deprimido. Él la alegraba, le daba una razón para vivir… y sonreír.

"Ya es muy tarde, ya no me va a querer como antes, ni siquiera sé si me ha perdonado de verdad. Jamás lo hará. Después de todo, ya tiene nuevas amigas y mucho mejores que yo...ya no sirvo.". Reflexiones, sólo tenía una opción, quizá dos, pero ya no quería lastimar a alguien otra vez... como hace meses...

"Simón me siento mal, ¿salgamos si? ¿Qué te hizo? Nada." Desde que había averiguado lo de Selene, ya todo le daba igual. Olvidar. Hizo todo lo posible, cualquier cosa con tal de no sentir aquel dolor insoportable, una presión en el pecho, cualquiera se ahogaría entre tantas lágrimas, un vacío en el corazón, sentir como tu alma se rompe en mil pedacitos. "Sí, Simón me gustaría ir contigo al cine. Vale, voy por ti en una hora." Si él la había reemplazado, ¿por qué ella no podía hacer lo mismo? ¿Venganza? ¿Justicia? No importaba, la apatía la inundó completamente.

Ahora, se reía de sus pensamientos tan tontos: "¿Cómo se me pudo haber ocurrido incluir a Simón en todo esto?, él es bueno y yo le he hecho tantas maldades..." Y ahora qué hacer, pedir perdón o no, Simón ya se había dado cuenta, o quizá no, nunca lo supo, nunca se había atrevido a preguntárselo de frente; tenía tanto miedo.
La verdad nunca lo había conocido de verdad, no sabía mucho de él. Ella tan sólo quería alguien que la escuchase y él había aparecido. “-Sofía yo te quiero de verdad... Nunca te lo he negado -Lo sé Simón, sabes que yo también…” En algún momento, ella lo quiso de verdad, pero al irse Simón recordaba absolutamente todo; por eso prefería estar siempre con él. “Simón acompáñame, ¿sí?”. Quizá si Sebastián no hubiese vuelto, lo habría olvidado…
Quizá, pero era casi imposible que Sofía olvidase tantos momentos... Al contrario de lo que ella era para Sebastián, él era irreemplazable. Por más que quiso ver a Simón como su nuevo mejor amigo, nunca lo hizo… Aunque siempre la alegrara, aunque siempre se divirtiesen, aunque Simón la escuchase, aunque Simón sea parecido a Sebastián… “-Es lo que detesto, lo que más me duele Sofía, que sea como yo. Similar”

Sofía se escribe con S XII

Separación
Separación, tarde o temprano sucede. Por culpa de uno, por culpa del otro, no importa… Simplemente ocurre. Quizá ninguno de los dos se dio cuenta, o quizá sí y no lo quieren aceptar. “-Eso es lo que pasa… ya no me quieres. -Sofía… -Sí, ahora te diviertes con ella, ya te aburriste de mi. -Sofía… -No me mientas. -Sofía… -Sabes que yo te voy a querer por siempre, ¿o no lo recuerdas? -Veamos cuánto te dura -No me dejes Sebas… -Sofía, ¿ya terminaste?” Esto nunca iba terminar, siempre la habían dejado sola. Nunca había pensado que Sebas lo haría también o quizá sí, pero aún no. No ahora, ni hoy, ni mañana… Quizá en un futuro muy lejano. Sofía no quiere que él se alejara, era lo que más quería en el mundo, su mejor amigo, casi su hermano, la persona que había estado con ella en los buenos y en los peores momentos. Aunque, las cosas pasan por algo, ¿o no? Él se había ido, pero aún seguían juntos en espíritu… Pero algo sucedió, “-¡Tonta! Por eso no son reales los cuentos de hadas, siempre hay un “pero”; el destino es demasiado cruel para que todo sea así. -Cállate y déjame soñar.”. Sofía no sabía que había pasado, ya no habían cartas, ni respuestas, diez llamadas, 45 mensajes de texto, 25 timbradas al celular y dos meses. “-Sofía, ¿qué tienes? ¿Por qué no comes? -No tengo apetito, Selene, gracias. OK, si tu lo dices.” Noche tras noche, día tras día y ni una sola respuesta. Sebastián se había ido. “Ya no me quiere, estoy sola, ¿por qué estoy viva?”. No tenía razón alguna para estarlo, y fue allí donde empezaron las cortadas. “Sofía, que bonitas pulseras”. Y un sentimiento nuevo aparecía. “Te odio Sebastián, gracias por dejarme, ¡te odio!” Y quería que el sufriera, que le doliera tanto como a él y a la vez no quería hacerle daño, en el fondo lo quería tanto como al principio. “Escúchame bien porque esta vez será una de las últimas veces que me escuches decírtelo: Te quiero, siempre lo haré”. Recuerdos y más recuerdos. Y él volvió reapareciendo en su vida. “Perdóname, ¿sí? Me cambié de casa y he estado en exámenes, me robaron el celular… pero hasta hace poco recuperé el número y leí los mensajes; Sofía… Lo siento.” Su voz, la melodía, sus palabras, todo era demasiado para ella. Nunca aprendió a hablar por teléfono con él, sentía que se desmayaba, que se perdía en sus palabras, que regresaba en el tiempo. No le podía decir que no, pero en el fondo de su alma escondía un secreto.
Sofía siempre había sido vengativa. “-Las personas me hicieron así y tú más que nadie lo sabe. -Sofía, tienes que aprender a perdonar. -¿Te parece justo que perdone todo lo que me hicieron?, debería morirme, estar muerta… y sabes que no lo hago por ti. -Sofía eso no es justicia, es venganza. -Ya te lo dije, las personas me hicieron así y no puedo hacer algo al respecto.” Pero sería capaz de hacerle daño a la persona que más quiere...Tan sólo imagínense…
Tenía una rápida cicatrización, eso siempre le había sorprendido, y pues ni los últimos, ni los primeros habían sido cortes muy profundos, aunque odiaba las cicatrices. Ahora estaba “normal” o algo así; ya no tenía más lágrimas por el momento; estaba olvidando todo. Esta era su forma de perderse, de estar normal y la había aprendido del maestro, de la persona que siempre había estado con ella: Sebastián. Sofía decidió salir de su habitación dirigiéndose a su sala. Se sentó en uno de los sofás, encendió el televisor, cambiaba y cambiaba los canales, hasta que se decidió por uno. Veía o trataba de ver, de concentrarse en la serie; pero su mente regresaba a los recuerdos de hace meses, de todo lo anterior… “¿Por qué estoy viva?...no, debo olvidar…”
Concentración, era algo difícil de obtener y más cuando sientes que tus muñecas arden, pero quizá, terminó por entender lo que sucedía en la serie…. La niña de la serie lloraba y lloraba y le gritaba a otra: “No, mis padres no están divorciados, están en medio. En medio de qué- preguntaba la otra. En medio del proceso. -Explícate. -En el proceso de divorcio, de separación.”

Sofía se escribe con S XI

Siempre.

Siempre es siempre, o eso dicen todos. Para la mayoría siempre es hasta la muerte..."Hasta que la muerte los separe…". Pero para otros... "Siempre"...va mas allá de todo.
Sofía se quedó paralizada. Pensaba. Había algo que estaba mal, lo dudó. "¿Qué hice?"...Sofía recogió el teléfono y lo puso en su lugar sonriendo. "Listo. Me va a llamar y me va a decir que me quiere, él no desea que me muera. Y luego vendrá por mi y todo estará bien.” Lágrimas otra vez, tenía la sensación de que algo iba a pasar; “Tal vez si…” Lo meditaba, en otras ocasiones había sido así, pero siempre ella había sido directa. La verdad odiaba ser así, pero él era muy despistado. Quizá Sofía siempre quiso que la salvaran. No lo sé, me gustaría saberlo.
¿Cuánto tiempo tendría que esperar, que esperarlo? “Volverás, ¿verdad? Sí, Sofía. Y me llamarás o me escribirás seguido. Cuando pueda. Eso es lo que me preocupa. OK, si lo haré Sofía. No importa cuando tiempo pase, Sebas, yo te voy a esperar… Porque siempre estaremos juntos, ¿lo recuerdas?”. Era frustrante tener que recordarle a la persona que mas quieres que no se olvide de ti, que existes; algo de lo que realmente tú dudabas…
“No, no lo va a hacer. Soy una idiota… tan tonta como siempre. ¿Cómo pude pensar en algo así?” Reía con dolor, frustración, mareos; todo le daba vueltas. En cualquier caso tenía el mismo plan de salida. No importa, no la iba a llamar… ¿Por qué lo haría? Estaba a punto de desconectar el teléfono, cuando este sonó. Sofía casi cae al suelo, del susto. Contestó.
“Sofía adivina quien está aquí…Hola Selene, ¿quién? (y a mí… ¿qué me importa?). Qué raro que no lo supieras: ¡¡Sebastián!!”. Sofía colgó el teléfono, lo desconectó y lo lanzó lejos de su habitación.
Pero ahora sonó su móvil, Simón. “-¿Sofía estas bien? -Sí, por supuesto, ¿qué quieres? -¿Segura? -Sí. Entonces, por qué le dijiste a Sebastián que íbamos a ir al cine. -Pues…porque… Le tuve que mentir y decirle que sí, que para tu casa voy, ¿quieres que vaya? -No. -¿Me explicarás? -Si me dejaras… -OK, dale.”
Sofía odiaba las clases de literatura, de lengua y de todo lo que tenga que ver con letras, pero siempre fue la primera en todo. Odiaba tener que redactar, simplemente le aburría pensar y buscaba la manera de hacer todo fácilmente, es irónico: Odiaba la rutina, pero su vida era una. En las exposiciones, hacia lo mismo una y otra vez, se sorprendía de que nadie se diera cuenta de aquello, bueno, se sorprendía de todos menos de Sebas; él siempre supo todo de ella. De tanto hacerlo, Sofía había aprendido fácilmente la habilidad de hablar bien y argumentar cuando era necesario. Podía mentir fácilmente si se lo proponía.
“(…) -Así que lo siento. -No lo sientas Sofía, sólo no lo vuelvas a hacer, estoy cansado de ser tu juguete. -Tú no eres mi juguete Simón y siento si te pareció eso, tengo que colgar, adiós”.
No quería hablar, solo quería estar sola y pensar. Tampoco podía ahora hablar, no lo haría bien, se olvidaría de varias cosas, de palabras… Sofía estaba preocupada, solo había algo que rondaba su mente. “Sí Sofía, lo recuerdo… Juntos por siempre”.

Por si me olvido.

Y me dices que no crees en nada de ello, que no creerás jamás. Que no pierda mi tiempo, mi vida en dedicarme a una actividad inútil. Y no lo haré, por ti.


Pero al menos no olvidaré ese día, cuando me dijiste: "Amo el resplandor que veo sobre tu hombro izquierdo..."


Porque cada vez que hablamos del tema, pienso en ello. Supongo que te dejaste llevar por el momento en que lo leías, y por un momento, yo también; pero pasó el tema y lo olvidaste (o no sé, me da miedo preguntar) y está bien.


Esto es solo un recordatorio, de que por un segundo-al menos- creíste y me viste y solo lo confirmaste: Soy tu otra mitad, el amor de tu vida, tu vida entera. [Y tú eres todo eso y más, para mi. Te Amo.]

Do you wan to dream with me?

Me gustaria que fueras tú el de mis sueños.
Me gustaria que soñases conmigo, poder compartir expectivas.
Que algún día me dijeses: "hey soñé esto, y ahí estabas tú..."
Me gustaría poder imaginarte alli...verte conmigo.

Me gustaría que realmente imaginaras todo.
Que recordases nuestros sueños de niños. "Y viajaremos y viviremos juntos, claro... claro...dos habitaciones no? Y crearíamos una empresa donde estaríamos los dos al mando. Y aprenderiamos a tocar el piano y el violín o violenchelo... Y tú y yo estaremos juntos por siempre."
Que simplemente no me digas: "Nos conoceremos?"
Que creas en los sueños. Que creas que existo, que soy real.
Que alguna vez pueda decirte: "Estoy allí" Y lo creas, y me veas... y lo sientas.
Maldita sea!!! Malditos todos! Maldita mi vida, mi suerte, nuestro mundo, la realidad... Todos..todos...Salvo tú.

Desearía, enserio, poder ayudarte... por qué nada de lo que hago lo hace?. Robarte una sonrisa, de esas que me encantan, o quizá que rias... Que vuelvas a confiar en mi.

Soñar, soñar no cuesta nada. (y menos si es contigo). Imagina conmigo, si?. Olvida todo y a todos, quédate conmigo. Cierra los ojos y sienteme, porque yo siempre estoy contigo. Siempre.



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